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Al aire libre, en casa o...

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Persiana bajada en uno de los cines de Barcelona, el pasado lunes, tras las restricciones de la Generalitat a causa del covid.

Persiana bajada en uno de los cines de Barcelona, el pasado lunes, tras las restricciones de la Generalitat a causa del covid. / EFE / MARTA PÉREZ

Nos vamos enterando de la creciente magnitud de los problemas en los espacios cerrados. Ni lugares de culto, tanto los de cúpulas y columnas que fortifican las almas y las unen en comunión espiritual, como los de música y luces a todo trapo que mezclan los cuerpos y estimulan los sentidos. Ni aulas repletas ni salas de conferencias. Ni cines ni teatros, y ya veremos si los comercios, sobre todo los pequeños. Quizá tampoco el interior de muchos restaurantes a los que se les helará la media sonrisa del paréntesis estival cuando llegue el frío. No nos volverán a confinar, pero una de las medidas más probables que se perfilan consistirá en dejarnos salir de casa, sí, pero sin permitirnos entrar en ningún sitio si no es el lugar de trabajo y aún por turnos y con restricciones.

Las cosas serán más complicadas, mucho más, para los promotores que, una vez el frío vuelva inhóspito el exterior, tendrán que elegir entre no hacer nada y jugársela en locales cerrados

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Quizás muchos recordaremos este verano como una tregua, una casi breve ojeada de sol entre dos largos eclipses. Hacen bien los que la exprimen como un limón, y hacen aún mejor los que aprovechan para salir y llenarse de música, tanto en Pedralbes, en el fantástico reino del mago Martín Pérez, el único que llena siempre, como en Montjuïc o los demás patios o jardines donde las estrellas procuran que no corra el virus maligno. Seguro que las cosas serán más complicadas, mucho más, para los promotores que, una vez el frío vuelva inhóspito el exterior, tendrán que elegir entre no hacer nada y jugársela en locales cerrados.

En Madrid lo tienen más que claro. La sede de los grandes musicales, donde se invierten unos cuantos millones de euros antes de levantar el telón, está parada. Prudentísimo 'lockout'. Como el riesgo es tan alto, como que si no llenan la sala al 90%, no al 50%, pierden hasta la camisa, han tomado la única decisión razonable. En Barcelona puede ser diferente. Entre mis amigos empresarios de la cultura, artesanos que admiro por encima de mis amigos artistas ya que en los retos a los que se enfrentan no se juegan el prestigio sino la vida, prevalece la actitud contraria. Abrir con pequeños formatos o reestrenos de éxito y a ver qué pasa. Se merecen lo mejor del mejor público.