EDITORIAL

Entrega a domicilio: alternativas y reformas

Además de iniciativas sociales y de carácter cooperativo, es necesaria una regulación del marco laboral de los 'riders'

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Un repartidor de Glovo revisa sus mensajes en el móvil en una plaza de Madrid, el pasado 30 de abril, en plena pandemia.

Un repartidor de Glovo revisa sus mensajes en el móvil en una plaza de Madrid, el pasado 30 de abril, en plena pandemia. / JOSÉ LUIS ROCA

El periodo de confinamiento durante la primera oleada de la pandemia ha dado un impulso decisivo al comercio electrónico, tanto a una plataforma de ambición global como Amazon como a los servicios de entrega a domicilio de alimentación y restauración, con cerca del 90% del mercado controlado en España por JustEat y Glovo. Con una distinción:mientras en un caso el desplazamiento de las compras al comercio digital amenaza con poner en serias dificultades al tejido comercial local, los servicios de entrega a domicilio han sido un salvavidas para el sector de la restauración. Y con un elemento en común: el comercio digital es necesariamente también físico en todos los tramos de la cadena de distribución. 

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Y particularmente en el último de ellos, el que llega hasta la puerta del comprador, se caracteriza por un modelo laboral cuestionable. En algunos casos, por la resistencia de algunas empresas tradicionales del sector a aplicar incluso el SMI o por las duras condiciones en que se desarrolla el servicio. En lo que respecta a los recién llegados al sector, las grandes plataformas de 'delivery', por la negativa a reconocer una relación laboral con los 'riders', algo que ha topado una y otra vez con sentencias de los tribunales y sanciones de la Inspección de Trabajo que han sostenido que la condición de autónomos de estos trabajadores es fraudulenta, además de perjudicar a los intereses de las arcas de la Seguridad Social. 

Ante esta situación cabe la posibilidad de plantear modelos alternativos y de proximidad:ya sucedió con la aparición de cooperativas de ciclistas tras el ya lejano 'boom' de la mensajería.  Han surgido ya proyectos cooperativos en Barcelona y Madrid, y en Ciutat Vella se impulsa otra experiencia que consigue conjugar el apoyo al pequeño comercial local, la relación entre este y compradores con problemas de movilidad y la inclusión social en condiciones dignas de los jóvenes repartidores. Con todo, difícilmente estas iniciativas supondrán una alternativa para el grueso de la actividad de reparto a domicilio. Esta espera la anunciada regulación de las relaciones laborales en el sector, que en el contexto actual debería volver a estar pronto sobre la mesa del Ministerio de Trabajo.