26 sep 2020

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Análisis

Dos ’riders’ de Glovo, circulando bajo la lluvia por la calle de Provença, el pasado 16 de marzo.

DANNY CAMINAL

El cooperativismo de plataforma

Mayo Fuster y Melissa Renau

Las principales ciudades de todo el mundo se han plagado de repartidores y repartidoras en bici que operan a través de plataformas digitales. España es uno de los países de la Unión Europea donde existe un mayor número de estos repartidores de plataforma. A falta de datos oficiales, la patronal del sector Adigital apunta que en España operan unos 14.000 repartidores y repartidoras. 

Las plataformas digitales han tenido un efecto disruptivo en el sector de 'delivery', pero no es el único. Una de las características de la economía de plataforma es su versatilidad. La cantidad de sectores y áreas de actividad donde han emergido estos modelos es tal que la economía de plataforma no es un sector, sino el modelo de producción económico emergente. Estamos inmersos en la transición de la fábrica industrial a la plataforma digital como referente organizativo de la producción económica.

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El covid también ha supuesto una disrupción para la economía, pero el confinamiento no apartó a los repartidores de empresas como Glovo o Deliveroo de las calles. Estas empresas privilegian el provecho, están basadas en un modelo de negocio que se sustenta por el desmantelamiento de los derechos laborales. Los repartidores y repartidoras de dichas plataformas vieron como sus condiciones aún se precarizaban más mientras se jugaban la salud en las calles desiertas. La respuesta de dichas plataformas a la pandemia fue trasladar las pérdidas económicas a los repartidores, quienes han aumentado la cantidad de horas de reparto sin verse compensados económicamente. 

La precariedad laboral no está ligada a las plataformas en sí, sino a la política laboral que se adopta. Empresas como Glovo o Deliveroo aprovechan el cambio de la fábrica a la plataforma para desmantelar derechos. Existen modelos alternativos, que se alinean y respetan los derechos y las regulaciones locales, lo que se conoce como 'cooperativismo de plataforma'. Además, estos modelos suponen una oportunidad histórica para la democratización económica y para la economía social, dado que las cooperativas de plataforma pueden llegar a tener una dimensión muy superior a la escala que hasta ahora se conocía de las cooperativas. Si en torno al 8% del PIB de la ciudad de Barcelona se basa en economía social, el cooperativismo de plataforma puede ser una vía para que este porcentaje se multiplique. 

Modelos alineados con derechos existen. En el sector de reparto, operan en España Mensakas o La Pájara, o en otros países europeos ColisCyclette, o Olvo. Sin embargo, estas empresas, con enfoque social, no están en igualdad de condiciones de mercado respecto a las empresas que privilegian los beneficios sobre los derechos. Existe una especie de 'techo de cristal' para la economía social, que no excluye el ámbito digital, que se asemeja al 'techo de cristal' que impide que las mujeres lleguen a determinados puestos de poder. Se trata de elementos estructurales que frenan su posibilidad de escalabilidad y réplica. Como el sistema financiero que dota de financiación aquellos modelos que privilegian la especulación económica por encima de los derechos humanos y laborales. Así, en conjunto Glovo y Deliveroo han recibido unos 2.000 millones de dólares a través de varias rondas de financiación, que tiene como efecto la disrupción de modelos respetuosos con los derechos. Actualmente se sostienen gracias a esta financiación, está por ver si serán capaces de sostenerse sin ella. Mientras, los modelos alternativos cuentan con escasa financiación y apoyos políticos decididos. 

La aceleración en la digitalización y plataformización de la economía que ha acompañado al covid-19 y la reconstrucción económica en marcha suponen una oportunidad única para que la Administración asegure que el tránsito de la fábrica a las plataformas sea en favor del bienestar colectivo. Durante el covid hemos visto como la salud se ha puesto por delante de la economía; desde esta lógica, no se trata tanto de parar la economía, cuando de impulsar su transformación en la dirección de impulsar una economía 'saludable', y una transición digital que se alinee con la sostenibilidad, el bienestar y los derechos, como muestran es posible ejemplos como Mensakas y la Pájara.

*Investigadora y doctoranda del grupo de investigación Dimmons IN3 de la UOC.