27 sep 2020

Ir a contenido

análisis

Edificio de Telefónica en Barcelona

REUTERS Albert Gea

Las telecomunicaciones más allá del covid-19

Carlos Cabrera

Hoy, una sociedad sin la opción de comunicarse digitalmente sería el equivalente a una sociedad sin luz en el siglo pasado

Recientemente, Tony Jin Yong, CEO de Huawei Iberia, afirmaba públicamente que “la conexión es uno de los motores de la transformación digital, pero también de las relaciones personales. Precisamente, en el contexto actual es cuando ambas conexiones están más cerca que nunca”. La actual pandemia nos ha llevado a integrar en la cotidianeidad algunas tendencias que eran esperables pero que veíamos como futuras porqué todavía no habíamos acoplado de forma generalizada en nuestra práctica habitual. Una de esas tendencias clarísimamente ha sido el papel integrador y potenciador de las relaciones sociales y la subsistencia de las actividades económicas que
han posibilitado las telecomunicaciones
. Hoy, una sociedad sin la opción de comunicarse digitalmente sería el equivalente a una sociedad sin luz en el siglo pasado.

A pesar de ese papel crítico de las telecomunicaciones en el mantenimiento de la economía y de los vínculos personales durante esta crisis, en algunos ámbitos -y quizás justamente por ese rol fundamental- se han querido poner en cuestión las telecomunicaciones como servicio esencial, vinculándolas a supuestos perjuicios como el control social o el impacto en la salud. La realidad demuestra, sin embargo, que sin una red eficiente de infraestructuras de conectividad esta crisis tendría hoy dimensiones catastróficas mucho mayores.

Debemos trabajar en el desarrollo de modelos transparentes, participativos y ordenados de despliegue los servicios en nuestro territorio

El debate es positivo y necesario, siempre y cuando sirva para aportar mejoras y no para destruir u obstaculizar un progreso que ya se visualiza como imprescindible en un mundo sometido a vaivenes imprevisibles. Pero no es suficiente con pensar que la funcionalidad de este sector ha sido clave hoy, en esa doble faceta de conectividad social y de sustento para la actividad económica. Aún nos quedan por concretar muchas variables sobre las posibilidades que a medio plazo nos ofrece el desarrollo de las nuevas tecnologías -particularmente el 5G- para multiplicar nuestras capacidades sociales y económicas.

Y precisamente, para dar la mejor respuesta a las percepciones negativas que se están generando estos días, debemos trabajar en el desarrollo de modelos transparentes, participativos y ordenados de despliegue de la infraestructura y de los servicios en nuestro territorio. Es decir, modelos de red que, a través de procesos de concurrencia competitiva y en colaboración con las administraciones, demuestren estar al servicio de todos los operadores de telecomunicaciones y de la sociedad en general garantizando tanto la sostenibilidad de las inversiones como el interés público y la seguridad privacidad de las personas. El éxito del modelo pasa, además, por realizar un esfuerzo en la promoción del conocimiento, la satisfacción de expectativas sociales y la divulgación de la naturaleza real de estas nuevas tecnologías.

En esta crisis, las telecomunicaciones han subido al podio de los servicios esenciales e incluso primordiales para garantizar tanto la subsistencia de la actividad económica como del desarrollo personal. Ahora, la gran oportunidad radica en promover el salto definitivo para el desarrollo de la verdadera transformación digital, que posibilite afianzar las prácticas, hábitos y realidades que nos están permitiendo superar esta situación y que nos permita desarrollar nuevos recursos digitales para afrontar las crisis del futuro. El mundo va a cambiar y ese cambio no es posible sin una red cada vez más potente, avanzada y segura de telecomunicaciones. El primer paso para ello es definir y compartir el modelo para su gestión, implantación y explotación.