18 sep 2020

Ir a contenido

EDITORIAL

Es tiempo de estabilidad

En este momento de grave emergencia sanitaria y económica, España debe mostrar calma política, empezando por el propio Gobierno

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, en el Congreso el pasado 9 de abril.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, en el Congreso el pasado 9 de abril. / EFE / MARISCAL

El Gobierno de coalición de PSOE y Unidas Podemos tiene vocación de perdurar y así lo proclaman los líderes de las dos formaciones, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias. No es esa, sin embargo, la imagen que muestran cuando en un asunto de la relevancia institucional del destierro de Juan Carlos I manifiestan con tanta nitidez sus discrepancias, sin que parezca importarles transmitir la idea de que existen grandes tensiones en el seno del Ejecutivo. Nadie dudaba de que el republicanismo es una de las esencias del partido morado, ni seguramente tampoco de que los máximos dirigentes del PSOE iban a salir en defensa del pacto constitucional, del que son artífices, incluyendo la Monarquía, pero en este momento de grave emergencia sanitaria y económica, España no se puede permitir volver a la inestabilidad. Y esa sensación de inestabilidad es, lamentablemente, la que están trasladando al airear desavenencias gubernamentales.

Más allá del secretismo que rodea a la operación salida del rey emérito y las preguntas que, por consiguiente, se plantea la ciudadanía sobre su nuevo lugar de residencia y sobre cómo será sufragado, han sido las declaraciones de los dirigentes podemistas que, empezando por el propio Iglesias, han calificado el abandono de "huida indigna", las que han contribuido en mayor medida a desacreditar una decisión en la que participaron la Casa del Rey, la Presidencia del Gobierno y el propio Juan Carlos de Borbón. La parte socialista del Ejecutivo quita hierro a esas discrepancias y ratifica el derecho de Podemos a marcar perfil propio, pero lo cierto es que en su pacto de coalición se acordó que en los asuntos que les distanciaban, como la Monarquía y el conflicto catalán, sería el presidente quien marcaría la pauta y el vicepresidente lo acataría. 

No ha ocurrido así en esta ocasión.  Sánchez ha dejado claro su apoyo y el de su Gobierno a la salida de España de Juan Carlos de Borbón y, sobre todo, se ha implicado en la defensa de la Corona y del rey Felipe VI. Lo hizo en la conferencia de prensa que como presidente del Gobierno ofreció el martes pasado, pero también en la carta estival que como secretario general del PSOE remitió a su militancia a la que instaba a defender "a las duras y a las maduras" la Constitución en toda su integridad, "algo que incluye la Monarquía", subrayaba. Y mientras, Iglesias, la ministra Irene Montero y el portavoz de En Comú Podem, Jaume Asens, no han dejado de cuestionar la decisión adoptada por el rey emérito y de reclamar un referéndum para decidir sobre la forma de Estado. Una posición que por legítima que sea, que lo es, no parece la más oportuna cuando España se encuentra sumida en una emergencia sanitaria, difícil de controlar, y una crisis económica y social, que requerirá durante mucho tiempo de todas las energías disponibles para ser superada con éxito. No conviene, por tanto, malgastar la pólvora en salvas, ni perder de vista cuáles son en este momento las prioridades. No es este el tiempo de desprestigiar las instituciones sino de generar calma y estabilidad política, empezando por la del propio Gobierno. En el fondo y en la forma.