18 sep 2020

Ir a contenido

ANÁLISIS

Un puñado de monedas de euro sobre la bandera de la Unión Europea.

DPA / ULI DECK

Catalunya, capital La Haya

Paola Lo Cascio

Se intenta construir una imagen de la Catallunya `nórdica» frente a una España meridional

El difícil y complejo acuerdo al que llegó ahora hace pocos días la Unión Europea en torno a las medidas económicas para hacer frente al batacazo que representa y representarà aún más en el futuro la pandemia de covid-19 es francamente histórico. Más allá de saber cómo se concretará exactamente su letra pequeña, dibuja un horizonte en el cual se apuesta por que la Unión Europea siga y haga un paso importante hacia una mayor integración. Más de un analista lo ha comentado: no se trata de un Plan Marshall, sino de una apuesta geopolítica, la razón fundamental de la cual reside en la constatación de que una respuesta dispersa y desordenada de los paises que integran la Unión significaria desconocer que el mercado europeo es una realidad -una estructura que dirían algunos- y que ningún país por si sólo (ni Alemania) podria sobrevivir sólo.

La opinión pública ha captado la importància del momento: nunca los incomprensibles mecanismos y rituales de formación de la voluntad europea han sido tan seguidos por la mayoría de la ciudadanía. Y, como es obvio y evidente, en esta época de la hipercomunicación, las opiniones -la de los políticos però también de los comentaristas o de los simples ciudadanos-, han circulado a una velocidad nunca vista, en las redessociales  y en los medios de comunicación.

Y, el calor del debate ha llevado a muchos a situarse a favor o en contra de las demandas de más corresponsabilización de las instituciones comunitarias con los paises más golpeados por la crisis sanitarias y de unas políticas más expansivas de gasto, con unas condicionalidades totalmente diferentes de las que se impusieron después de la crisis económica de 2008 y que llevaron a una década de políticas austeritarias.

Otros, en cambio, se apuntaron a que las demandas del Gobierno de coalición de Pedro Sánchez y del gabinete italiano presidido por Giuseppe Conte se estallaran en contra del muro erigido por los mal llamados paises “frugales”, que -como muchos saben-, comparten sobre todo una política fiscal laxa, que genera de facto el dumping fiscal que está en la base de tantas y tantas limitaciones de la Unión Europea realmente existente.

‘Blitzkrieg’ conservadora

A este último grupo se apuntaron la extrema derecha y la derecha nacionalista española, con el objetivo explícito de laminar la esperanza de vida del Gobierno de coalición progressista. Un ataque frontal, que sacrificó la tan reivindicada defensa patria y rompió -en el caso del PP- la alineación con sus correligionarios alemanes capitaneados por Angela Merkel, que buscaba y quería explícitamente un acuerdo. Se trató de una especie de 'blitzkrieg' con el objetivo de situar el gabinete español en una situación insostenible.

También se apunto a ello una parte del independentismo: sólo hace falta escuchar la intervención de la eurodiputada Clara Ponsatí en la Cámara europea, la semana pasada. El mensaje de la ‘exconsellera’ se podria resumir de la siguiente manera: más creditos y más condicionalidades porque España es intrínsecamente despilfarradora, y, además, se parece un poco a Turquía. No piensen que fue un discurso aislado: no sólo otros opinadores en esos días repitieron mensajes parecidos, sinó que empezaron a florecer banderes neerlandeses en las cuentas independentistas.

En el caso de éste tipos de argumentaciones se mezclan ensoñaciones cortoplacistas (el cuanto peor para «España», mejor para la causa independentista), pero también tendencias de largo recorrido. No sólo en términos ideológicos (una parte del independentismo es claramente neoliberal), sinó sobre todo en términos de conceptualización de uno mismo y del otro.

Así, se da rienda suelta a la construcción de una Catalunya «nórdica», frugal y eficiente, contrapuesta a una España (y de paso a una Italia) meridional y por ello ineficiente, menos evolucionada. Por otra parte, nada nuevo bajo el sol. Hace ahora 10 años, aquellos recortes salvajes aplicados por el gobierno de los mejores de Artur Mas bebían de la misma concepción: se hacían antes y más duros que en el resto del estado para demostrarse más europeos. Debería acometerse más prudencia y menos descaro. 

Después de una década de gobiernos independentistas que han protagonizado un verdadero festival de ineficencia y han laminado seriamente el prestigio de las instituciones de autogobierno, mientras se jactaban de ser los intérpretes fidedignos del país, vete tu a saber como se ve Catalunya y los catalanes en otras latitudes.