21 sep 2020

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Editorial

Mujeres bajo un confinamiento tóxico

Los efectos del encierro doméstico y el parón económico requieren un enfoque particularen el ámbito asistencial y laboral

Control de temperatura en el acceso a un centro de atención primaria.

Control de temperatura en el acceso a un centro de atención primaria. / MANU MITRU

Los confinamientos decretados en su día para combatir la expansión de la pandemia y la violencia doméstica constituyeron y constituyen «una mezcla tóxica para muchas familias», según un resumen escueto y certero de la situación de Melissa Alvarado, experta de la ONU en la  materia. La obligación ineludible de las víctimas de compartir el mismo techo con sus victimarios ha multiplicado los casos de malos tratos sin que, por lo demás, llegaran casi nunca a la opinión pública las situaciones imposibles vividas entre cuatro paredes. De forma parecida, aunque agravada por la duración del encierro, a los episodios de convivencia degradada que se registran durante las vacaciones en el seno de hogares sometidos a la lógica machista, el ámbito privado fue demasiadas veces un infierno.

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Si en el 2019 fueron 243 millones las niñas y mujeres en el mundo que padecieron agresiones sexuales y actos de violencia de todas clases, a partir del momento en que se generalizó el confinamiento para quebrar las redes de contagio se multiplicó la vulnerabilidad de las víctimas, que sumaron a la presión psicológica propia de un enclaustramiento forzoso y a la incertidumbre derivada muchas veces de la caída de ingresos la presencia constante de sus agresores. Puede decirse que, para no pocas mujeres, preservarse del contagio del covid-19 supuso contraer otras enfermedades morales, físicas y materiales.

A la vista de los datos que maneja la ONU acerca de esa vulnerabilidad acrecentada, de las circunstancias excepcionales y de la debilidad específica de innumerables familias monoparentales que solo cuentan con los ingresos de una mujer, es fácil deducir que la erosión del pacto social y de convivencia causado por la enfermedad reclaman un tratamiento particular de protección de las mujeres en los ámbitos asistencial, económico y laboral. Se trata de una necesidad objetiva, tan ineludible como el confinamiento mismo, porque las dificultades que afrontan las víctimas para sobreponerse a diferentes formas de toxicidad tienen unas características concretas, diferentes a las que deben afrontar el resto de ciudadanos, afectados solo, y es mucho, por la congelación de la economía.