29 nov 2020

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Pensar la crisis

Concierto de Manel en el Grec, el pasado 7 de julio.

FERRAN SENDRA

La cultura no merece tanto desprecio

Emma Riverola

Tomó el Govern de Torra las riendas de la gestión sanitaria. Los contagios aumentaron ante los fallos en la detección de casos y en el rastreo de los infectados. La impericia se combatió con una retahíla de restricciones. Entre ellas, la suspensión de las actividades culturales. Incluso el Grec y otros espectáculos al aire libre pasaron unas horas en vilo, mientras las playas y las terrazas de los bares se mantenía abiertas. El lema ‘La cultura es segura’ se extendió convertido en grito y lamento de un sector que cumplía de forma estricta los protocolos de seguridad sanitaria. Las reclamaciones de los alcaldes y la corrección del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya devolvieron la cordura. Pero a un sector precario y agonizante se le ha añadido capas de estigma tan injustas como irresponsables. Es inaceptable asociar cultura a inseguridad sanitaria, no solo por su falsedad y por el daño que provoca a las personas que trabajan en ella, sino por el perjuicio al conjunto de la sociedad.

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Viene, ya está aquí, una crisis sin paliativos, la desigualdad aún se tornará más insoportable y la precariedad se intensificará. ¿Y qué pinta la cultura en esta calamidad? Mucho, muchísimo. Porque necesitamos repensarnos colectivamente y hacerlo de un modo más crítico, más creativo y más inclusivo. En sus múltiples expresiones, la cultura es capaz de crear espacios de reflexión y de encuentro, de diálogo y de proyección de futuro. De un futuro mejor. Para asumir la complejidad del momento, para impulsar las capacidades, para crear vínculos y que nadie se quede atrás. Una cultura que se hinque en la educación, que se filtre en los barrios y que impregne otros campos del conocimiento.

Ahora que todo se desmorona, que tantas persianas no volverán a subir, resulta imprescindible mirar nuestras carencias y nuestras potencialidades. Y la cultura está ahí. Nos hace mejores, alarga la mirada, genera trabajo y es exportable. No es un capricho. Es una oportunidad y no merece tanto desprecio.