15 ago 2020

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IDEAS

Una mascarilla protectora FFP2, utilizada como protección contra el covid. 

EL PERIÓDICO

Un cambio de mentalidad

Jordi Puntí

Hace unos meses, cuando más de medio mundo tuvo que encerrarse en casa por la pandemia, el 'Decamerón' circuló como una de las referencias literarias que ofrecía un contexto cultural. Escrito alrededor de 1353, la obra de Boccaccio recoge las historias —licenciosas y burlescas— que cuentan 10 jóvenes para distraerse en un confinamiento en Florencia, durante la peste negra que asoló la península itálica en 1348, llegada de China y que luego se extendió por medio mundo.

Pronto sabremos si los gobiernos reparten las ayudas de la UE con sentido común, o si todo se va definitivamente a la mierda

El 'Decamerón' también es un indicio del Renacimiento que se coció en Italia, en las ciencias y en las artes. Lo ha descrito muy bien Gianna Pomata: la renovación racional de la medicina de la época en Bolonia, como reacción a la peste negra, trajo un cambio de mentalidad, en el que se abandonaban las teorías abstractas y astrológicas en favor del humanismo. Tres siglos más tarde, Europa dio otro paso similar. Lo explica Philipp Blom en un libro fascinante, 'El motín de la naturaleza' (Anagrama): entre el 1570 y 1700, las condiciones climáticas extremas de una “pequeña Edad del Hielo” impulsaron cambios sociales y económicos, con un ascenso de la clase media y el mercantilismo.

El pasado, pues, nos muestra que tras una pandemia o un cataclismo la situación suele fluctuar entre dos direcciones: o bien abraza la razón para avanzar, y se refuerza un sentimiento de colectividad, o bien se imponen las reacciones insensatas, a menudo con un fuerte individualismo egoísta. Quizá es demasiado pronto para saber cómo se concretará nuestro futuro y, de momento, dudamos: las buenas intenciones para mantener una ciudad menos contaminadas, con una economía menos desigual, o bien el retorno al sistema anterior para reducir enseguida el impacto traumático de la pandemia. Nadie está contento, y el ascenso de los extremismos políticos combinado con las manipulaciones que facilitan las redes sociales no son un buen síntoma. Pero la decisión de la Unión Europea de otorgar ayudas a fondo perdido a los países más damnificados es un gesto de solidaridad hasta ahora inaudito. Pronto veremos si los gobiernos reparten ese dinero con el mismo sentido común, o si todo se va definitivamente a la mierda.

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