15 ago 2020

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Efectos económicos de la pandemia

El Reino Unido impone cuarentena a los viajeros que procedan de España. En la foto, pasajeros hacen el ’check in’ en el aeropuerto de Madrid-Barajas para volar a Londres.

AP / MANU FERNÁNDEZ / VÍDEO: EFE

Empobrecer al vecino

Antón Costas

La idea de la cuarentena del Reino Unido hacia sus turistas que vengan de España se puede entender como una política proteccionista

Comprendo que resulte tentador para un dirigente político populista-nacionalista como el primer ministro británico Boris Johnson intentar aprovechar la crisis sanitaria internacional para intentar mejorar la situación de la economía británica a costa de los demás. En este caso, de España. La decisión de someter a su llegada al Reino Unido a una cuarentena a todos los ciudadanos, ya sean británicos o no, procedentes de España se puede entender como una política económica proteccionista. Eso es así en la medida en que, con la excusa (en parte cierta, hay que reconocerlo) de la protección frente a una segunda ola del covid, lo que en realidad busca es un efecto económico: desviar la demanda de turismo en España por parte de los británicos hacia la industria turística interna. 

Esta práctica no es nueva. De hecho, los británicos tienen una expresión para definir este tipo de políticas económicas proteccionistas-nacionalistas: 'Beggar my neighbour', empobrecer al vecino. La acuñó la economista inglesa Joan Robinson, la primera mujer en ocupar una plaza docente en Cambridge y merecedora del premio Nobel por sus trabajos sobre desempleo y el poder de mercado de los oligopolios, reconocimiento que posiblemente no recibió por su conducta heterodoxa para la sociedad victoriana de aquellos años. 

Romper las reglas

Después del crack del 29 y en medio de la gran depresión de los primeros años 30 del siglo pasado –con caídas de actividad económica y del empleo similares a las que estamos viendo ahora por la pandemia– muchos gobiernos decidieron romper con las reglas del comercio internacional libre y aplicar proteccionismo y nacionalismo económico para intentar resolver los problemas propios de la recesión y el desempleo masivo.

Entonces, los instrumentos usados por ese proteccionismo fueron los aranceles y restricciones a las importaciones procedentes de otros países. Esos aranceles y restricciones provocaron una reacción en cadena por parte de los países perjudicados, dando lugar a lo que se conoció como proteccionismo competitivo. Se trataba, en definitiva, de tratar de mejorar la posición propia empobreciendo al vecino. 

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A la larga, ese tipo de proteccionismo competitivo acabó empobreciendo a todos. Solo fue abandonado después de la segunda guerra mundial cuando, bajo la influencia del pensamiento económico de John Maynard Keynes, se aprobó un nuevo orden económico internacional conocido como los acuerdos de Bretton Woods, por el nombre de la pequeña localidad norteamericana donde se aprobaron. Ese nuevo orden permitía, por un lado, un margen mayor a los países para llevar a cabo políticas económicas nacionales de promoción del crecimiento y del empleo y, por otro, creaba nuevas instituciones internacionales para regular el comercio mundial, estabilizar la economía y financiar el desarrollo de los países atrasados. 

Ahora, inmersos en otra gran crisis, en vez de aranceles,  Johnson aplica la cuarentena. Pero el efecto proteccionista es similar: desviar la demanda de turismo en España hacia la industria turística británica.  El nuevo proteccionismo impulsado por la pandemia no se limita al Reino Unido. Lo está desarrollando Trump en EEUU. Pero también en la UE se comienza a practicar un proteccionismo industrial encubierto que puede llegar a perjudicar gravemente a la economía y al empleo en España.

La autorización de la Comisión Europea

La Comisión Europea está autorizando a los países fuertes a dar ayudas nacionales a sus empresas «estratégicas», en forma de aportaciones de capital público, que hace unos meses hubiesen sido consideradas «ayudas de Estado» y prohibidas por la comisaria de Competencia Margrethe Vestager. El activismo en esta política industrial proteccionista lo protagoniza Alemania, junto con Holanda y Francia. Los acuerdos de repartos de mercados entre Nissan y Renault y, especialmente, la condición que el Gobierno de Macron exige para las ayudas a Renault de trasladar a Francia unidades estratégicas de la empresa van en esa dirección. El resultado será también empobrecer industrialmente al vecino. Habrá que estar vigilantes.

Pero volviendo a Boris Johnson, hay que reconocer que la excusa para aplicar el arancel de la cuarentena a los turistas británicos que visiten España tiene algo de razón. A pesar de que los datos epidemiológicos en España son mejores que en el Reino Unido, los nuevos brotes surgidos en Catalunya y Aragón le han dado la excusa. La mejor forma de proteger a nuestra industria turística es que las autoridades sanitarias pongan en marcha un sistema efectivo de identificación, rastreo y confinamiento de nuevos casos de contagio. Solo así evitaremos las políticas de empobrecimiento del vecino.