07 ago 2020

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Clima y desigualdad

Varios jóvenes descansan o hacen deporte en el parque de Sant Martí, el pasado 17 de julio.

MANU MITRU

Adaptar Barcelona a las olas de calor desde la justicia climática urbana

Isabelle Anguelovski

El calor afecta no afecta a todo el mundo por igual. Hay que renaturalizar Barcelona, empezando por los barrios más vulnerables.

A menudo se considera que los colectivos más vulnerables a los efectos del calor son la gente mayor y otros ciudadanos que tienen factores de riesgo. Es cierto que esos son los grupos más expuestos, pero a veces nos olvidamos de otros colectivos.

Por ejemplo, ciudadanos que viven en barrios densos y grises (como Ciutat Vella), o con alta densidad habitacional (como La Prosperitat o La Verneda), o afectados por altos niveles de contaminación de los coches (como Bon Pastor). Estos ciudadanos también están expuestos a las olas de calor.

Muchas de estas personas carecen de espacios verdes asequibles. Por ejemplo, Sant Andreu solo tiene el 5,1% de los 1.076 hectáreas de verde urbano de Barcelona. Esta ciudadanía está en el epicentro de las llamadas islas de calor.

Calor y covid-19

El verano de 2020 está marcado por el covid-19. Muchas familias humildes tienen dificultad en encontrar alivio frente al calor, debido a las instrucciones de quedarse en casa para reducir los contagios y a la dificultad de refugiarse en centros comunitarios y otros espacios más frescos que sus domicilios.

Muchas de ellas no viven en buenas condiciones habitacionales y no pueden permitirse ventiladores de techo o aire acondicionado. Tampoco pueden escaparse a la costa o la montaña, como han hecho miles de otros Barceloneses, una vez instalada la "nueva normalidad".

Para enfrentarse a las olas de calor (que serán cada vez mas largas y pronunciadas), el Plan Clima de Barcelona y el Plan del Verde y de la Biodiversidad prevén el desarrollo de infraestructuras verdes en toda la ciudad. Esa es una de las soluciones al problema, junto con medidas estructurales, como por ejemplo las mejoras habitacionales.

Hasta ahora, solo el 30% de zonas verdes de la ciudad son estrictamente públicas y urbanas, es decir, accesibles para los residentes. Eso incluye Collserola y Montjuic. Además, Barcelona tiene poco verde urbano: solo 6.6 metros cuadrados de verde por habitante, en comparación con 17 metros cuadrados de Madrid, por ejemplo.

Renaturalizar Barcelona

Renaturalizar Barcelona pasa por quitar asfalto sea donde sea. Dar especio al verde y no a los coches. Accelerar la construcción de supermanzanas. Reimaginar terrados como espacios verdes.

Luchar para una mayor justicia climática en el contexto de islas de calor consiste en llevar a cabo estas inversiones en primer lugar en los barrios más socialmente y ambientalmente vulnerables.

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Este objetivo pasa también por el desarrollo de recursos climáticos para la ciudadanía, como la red de refugios climáticos del colectivo de urbanismo feminista Punt 6 y el BCNUEJ lab. Una prueba piloto de este proyecto se está llevando a cabo en la Prosperitat. Se trata de una red de espacios abiertos donde refugiarse en las horas de máxima calor. A la vez, pretende activar la economía social y feminista, contando con la participación de mujeres racializadas o migrantes.

Otro proyecto de refugios climáticos en escuelas de Barcelona plantea adaptar 11 escuelas vulnerables al cambio climático gracias a medidas azules (nuevos puntos de agua), verdes (espacios de sombra y vegetación) y grises (mejora en el aislamiento de los edificios).

Adaptarse a las olas de calor seguirá siendo un reto para Barcelona. Solo si partimos de principios de justicia climática para la ciudad y sus residentes podremos construir una ciudad más resiliente y justa.

La autora forma parte de la Red de Científicas Comunicadoras de El Periódico