24 nov 2020

Ir a contenido

El problema del clima

Dos personas tratan de refrescarse en Madrid, donde hay alerta por altas temperaturas, el jueves 30 de julio.

EFE / MARISCAL

Soluciones sistémicas, más allá de la pandemia

Michele Catanzaro

La ola de calor nos recuerda que vivimos una crisis sistémica, más allá de la del covid-19

La ola de calor en la cual España acaba de entrar es un recordatorio. Nos recuerda que, mientras peleamos con el covid-19, los otros problemas no desaparecen.

La crisis que estamos viviendo no atañe solo a la pandemia, sino también al clima, a la biodiversidad, a la justicia global, etcétera. Si la crisis es sistémica, se necesitan soluciones sistémicas.

El problema científico de la "atribución" es peliagudo. Es difícil atribuir con seguridad absoluta al cambio climático una ola de calor concreta. Sin embargo, sí se puede afirmar con seguridad que el aumento en la frecuencia de las olas de calor tiene una vinculación clara con el calentamiento global.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

De hecho, las olas de calor, así como los incendios, las tormentas tropicales, el aumento del nivel del mar y el derretimiento de los hielos, están ocurriendo con más fuerza y más pronto de lo que se esperaba, según el informe Unidos en la Ciencia de Naciones Unidas.

El periodo 2015-2019 ha sido el periodo de cinco años más cálido desde cuando hay registros. La Tierra está 1,1 grados por encima de las temperaturas preindustriales y se acerca al umbral de 1,5 grados, por arriba del cual se vislumbran las consecuencias más incontrolables.

Eso, en el peor escenario, que sin embago tiene una probabilidad no despreciable de ocurrir. Y ¿quién cogería un avión si le dijeran que caerá con cierta probabilidad, aunque fuera tan solo el 10% o el 20%?

Reducción inmediata de emisiones

Se estima que hemos consumido dos terceras partes del presupuesto de CO2 disponible para superar ese umbral. Para evitar ese escenario, las emisiones deberían decrecer desde ya mismo, reducirse a la mitad en el 2030 y llegar a la neutralidad en el 2040. Encima de eso, habría que inventarse un sistema para eliminar parte del CO2 acumulado en la atmósfera.

Antes de la crisis del covid-19, no había señales de que eso ocurriría. Al contrario, las emisiones alcanzaban niveles de récord. El parón del confinamiento ha llevado a una reducción. Sin embargo, las mejores estimaciones afirman que ni con esa acción radical se ha alcanzado la reducción anual necesaria para cumplir con el acuerdo de París.

Esa es otra señal de que no valen soluciones individuales y contingentes. Las emisiones son consustanciales a nuestro sistema de vida y es eso lo que tiene que cambiar.

Además, está cada vez más claro que no vale cualquier cambio. Hace falta un cambio justo. Soluciones abruptas pueden aumentar aún más las desigualdades existentes. Eso, además de ser tremendamente injusto, haría socialmente inviable cualquier estrategia contra el cambio climático. El problema del clima se aborda también hablando de derechos humanos, renta universal, y reducción de los horarios de trabajo.

En la salida de la crisis del covid-19 hay señales esperanzadores, como algún brote verde en los planes europeos. Tenemos historias de éxito en las cuales inspirarnos: el agujero del hozono, el plomo en la gasolina, el tabaquimos, ahora la pandemia. Intentemos que la nueva normalidad sea realmente nueva