28 oct 2020

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DESDE SABADELL

Una mata de tomates, en un huerto en casa.

P. A.

Tomates y mosquitos

Pau Arenós

En dos restaurantes importantes he despreciado la ofrenda tomatil con una excusa inverosímil y fantasmona: "Es que ya los como buenos en casa"

Una de las ventajas de vivir en Sabadell es tener una terraza con masa vegetal y tomateras que difícilmente podríamos pagar en Barcelona. Ese espacio, el corazón de la vivienda, es el que nos mantuvo cuerdos durante el confinamiento: caminamos arriba y abajo con la monotonía y la obstinación del hámster en la jaula.

Vivimos en un barrio en el que alimentamos a los mosquitos tigre. No todos los miembros de la familia, claro: algunos somos más atractivos que otros. Con los años, los picajosos hemos desarrollado una cierta inmunidad. Después de la sesión de faquirismo a la que los insectos nos someten sorpresivamente ya no salen unas ronchas del tamaño de Madagascar. Aunque dotados de trompetilla, se mueven con el sigilo de los comandos y solo nos damos cuenta del ataque cuando las piernas pican como si hubiéramos rozado ortigas. Un solo ejemplar puede dejar más bultitos que un topo en un jardín. El efecto es como las relaciones adolescentes: hay un hervor inicial que desaparece al poco rato. Pese a la experiencia, aún no sabemos domesticar al tigre. Drácula existe y es un mosquito.

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Pero yo quería hablar de las tomateras: este año han sido generosas. El verano pasado hubo una eclosión de esos pimientitos que llaman de Padrón, aunque su procedencia sea otra. Teníamos tantos que dejamos algunos en la mata para que el Sol los volviera flamígeros. Después quise hacer conserva. Aprendí que hay que usar guantes. Los dedos ardían como si los hubiera metido en salfumán.

'Cor de bou', Barbastro, Montserrat, rosa, kumato… Algunos los pelamos; otros no. El tomate pelado te sitúa en otra dimensión. Ensaladas simples con cebolla tierna y albahaca o anchoas, a lo mejor mojama o bacalao. Lo importante es que el rojo triunfe en su desnudez, sal, aceite, poco más. En dos restaurantes importantes he despreciado la ofrenda tomatil con una excusa inverosímil y fantasmona: "Es que ya los como buenos en casa".

Aunque es cierto y lo digo sin mérito: ni los planto ni los cultivo. Solo los como. Solo los disfruto. Solo sé que el tomate contiene el verano. Plaf. ¿Otro mosquito?