05 ago 2020

Ir a contenido

IDEAS

Miquel de Palol.

EFE / JULIAN MARTIN

'HiperPalol'

Xavier Bru de Sala

'Mònica Mir' es una inmejorable oportunidad para dejarse transportar y desembarcar en el continente Palol y hacerse una idea de su singular orografía de literatura geométrica. Es, también, y por ello, ahora que aún estamos en tiempos de evaluación, una prueba para los lectores y aún más para los críticos. Quien no consiga explorarlo ni poniéndose de puntillas, que se reconozca como mucho lector y crítico de segunda o de tercera, que en la primera división no existe diferencia cualitativa entre lector y crítico.

Que no sepan leer lo suficiente no exime a los jurados de Òmnium de la culpa de escamotear a Palol

Si damos unos pasos más nos podremos preguntar por qué si todos los críticos de libros son escritores (incluso las reseñas se redactan) los mejores escritores dejan en ridículo a los simples críticos. Muy sencillo, porque los críticos-escritores de inferiores categorías no disponen de talento para emularlos. Es decir que la alta crítica es alta literatura, atributo que no se puede predicar a la crítica en la historia evolutiva de la música o de la pintura, que se han construido a base del diálogo no verbal entre grandes artistas que se reconocen como maestros al margen de los críticos. Es así porque los grandes críticos de la música o el arte son músicos o artistas que no se expresan con palabras sino con sonidos o formas y colores. Por eso la escritura puede incluir a las demás artes (así como a todos los saberes), ya sea a la manera de Proust o en la no menos virtuosa de Palol, mientras las otras artes trazan su camino de forma abstracta y autónoma, por no decir autista.

Una de las tantísimas pruebas objetivables para distinguir la alta escritura consiste en el recuento de frases memorables, no por libro o por capítulo sino por página. Incontables por terribles además de memorables en el caso de 'Mònica Mir'. Novela donde además se cruzan tal cantidad de géneros que costaría encontrar alguno de ausente. Que no sepan leer lo suficiente no exime a los jurados de Òmnium de la culpa de escamotear a Palol lo mismo que le negaron a Pla, si bien ahora no por razones patrias sino por pétreo, determinado, inamovible, embarrado chapoteo en la mediocridad.