07 ago 2020

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Histórico acuerdo por la reconstrucción

El líder del PP, Pablo Casado, en el Congreso de los Diputados.

EFE / CHEMA MOYA

No se puede repicar y llevar el santo

Andreu Claret

El pacto de Bruselas ha cogido con el pie cambiado a políticos cuyas prioridades no eran el covid

El refranero castellano es rico en aforismos que advierten de la imposibilidad de hacer dos cosas a la vez. El catalán, también. Será porqué el dilema es antiguo, para los individuos y para las sociedades. 'Priorizar' se llama ahora en las escuelas de negocios y en los libros de autoayuda. Decidir sobre esto o aquello, si no queremos quedarnos sin lo uno ni lo otro. Algo de esto les ocurre a algunos políticos, tras el histórico acuerdo por la reconstrucción aprobado por el Consejo Europeo. Sobre todo, a quienes el pacto ha cogido con el pie cambiado. Esto es, con prioridades que no son las de hacer frente al estropicio provocado por el covid-19.

El Partido Popular y los independentistas catalanes deberán decidir, ahora, si repicar o llevar el santo. No podrán hacer ambas cosas a la vez. Participar en la administración de los fondos de recuperación arbitrados por Bruselas y, al mismo tiempo, intentar derrocar el Gobierno de Pedro Sánchez. Seguir por la senda de la bronca, o volver a la senda de la unilateralidad, y gestionar con eficacia el maná de la Unión Europea.

PP e independentistas, o participan en la gestión de los fondos de la UE o siguen en la senda de la bronca

Empecemos con Pablo Casado. La triste figura que hizo en el Congreso fue el resultado de no atender el refranero. Llevar el santo y repicar no era fácil, teniendo en cuenta la implicación de los líderes populares europeos en el pacto. Mejor dicho, era imposible. Casado lo intentó con una pirueta que quedará en los anales de las Cortes. El acuerdo es bueno porqué lo tejieron tres mujeres conservadoras (Ursula von der Leyen, por la Comisión, Christine Lagarde, por el Banco Central Europeo, y Angela Merkel), pero Pedro Sánchez solo fue un convidado de piedra en los casi cinco días de agotadoras sesiones. El mismo día, los populares celebraban el acuerdo en la cámara europea y la eurodiputada del PP, Dolors Montserrat, lo calificaba de histórico. ¿En qué quedamos? La estrategia de estar en misa y seguir repicando no tiene futuro. Puede que la tenga para el PP más político, el de Madrid, el de José María Aznar el que mira a Vox por el retrovisor. Aquel que vive de la algarabía de los medios conservadores. No creo que la tenga para Alberto Núñez Feijóo y los presidentes autonómicos o alcaldes populares que ven venir la catástrofe del próximo otoño y esperan los fondos europeos para salir del atolladero. Para ellos, la realidad y no la ideología impone una estrategia de cooperación entre administraciones. Saben que sopas y morder no puede ser.

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Algo parecido ocurre con los independentistas. El Tribunal Supremo se empeña en darles motivos para seguir soliviantados, asumiendo dudosas competencias sobre situaciones penitenciarias. Los calendarios judiciales, el libro de Carles Puigdemont y las agrias declaraciones de Oriol Junqueras en TV-3 siguen llamando al repique de campanas. Se puede entender, pero la pregunta es: ¿quién va a llevar el santo? En Catalunya, no es que se quieran hacer dos cosas a la vez, sino tres: avanzar en el sueño republicano, atajar una pandemia que amenaza con cortar todo atisbo de recuperación, y gestionar 30.000 millones (¿de donde sale esta cifra?). En una versión algo distinta del refrán suele decirse, en catalán, que 'qui molt abraça poc estreny' (quien mucho abarca poco aprieta). Haciéndolo todo a la vez, no habrá ni república, ni gestión eficaz del coronavirus, ni preparación juiciosa y técnica de los proyectos necesarios para justificar el trozo de tarta europea al que Catalunya puede aspirar. Para ello hay que trabajar, trabajar y trabajar. Como ha señalado el Cercle d'Economia. Y trabajar suele ser incompatible con hablar tanto y con estar todo el día reunido. Con repicar.

Hay que trabajar, como dijo el Cercle, y eso es incompatible con hablar tanto

No estamos abogando para que nadie renuncie a sus ideas. Ni Casado, ni los independentistas. La implementación de los ingentes recursos acordado por la Unión Europea exige mucho debate. No solo técnico. También ideológico. Los próximos años pueden servir para empezar a cambiar el modelo económico, con una apuesta por un futuro más digital y sostenible, o para seguir viviendo del tocho y del sol. Las inversiones pueden reforzar una España más radial o pueden ayudar a construir un modelo más federal, más descentralizado (como también pide el Cercle). Un modelo más solidario, como el que subyace a los acuerdos europeos. Los proyectos pueden servir para reformar la Administración o para cronificar viejos y costosos hábitos. Hay mucho que debatir y, sobre todo, mucho por hacer. Durante una legislatura que Sánchez ha amarrado en Bruselas. Y no todo se podrá hacer al mismo tiempo.