10 ago 2020

Ir a contenido

La clave

El primer ministro holandés, Mark Rutte, conversa con el presidente español, Pedro Sánchez, en un receso de la cumbre de líderes del Consejo Europeo, este lunes 20 de julio en Bruselas. 

EFE / JOHN THYS

La lección europea

Rosa Paz

El PSOE trata de sumar a PP y Cs a los presupuestos para transmitir a la UE imagen de unidad

En el momento más duro del confinamiento y consciente de la crisis económica y social que se avecinaba, el Gobierno propuso una reedición de los Pactos de la Moncloa, aquel acuerdo fundacional de la democracia española, alcanzado antes de que se aprobara siquiera la Constitución de 1978. Ese llamamiento a la gran alianza de todos los partidos y fuerzas sociales, que se hizo un poco con la boca pequeña, ha quedado, como ya se podía vaticinar desde el principio, en unos acuerdos desleídos, descafeinados, que no pasan de ser un catálogo de buenas intenciones, básicamente sobre medidas sanitarias y sobre la UE, a la espera de ver qué ocurre en la nueva votación sobre medidas económicas tras el error que se produjo en la del miércoles.  

Ahora, la parte socialista del Gobierno, la mayoritaria, intenta incorporar también al mayor número posible de fuerzas políticas a un pacto presupuestario. Trata de sumar al PP y a Ciudadanos no solo para garantizar su aprobación sino también para transmitir a la Unión Europea una imagen de unidad política, tan improbable como irreal. Con Cs, que apoyó ya diversas medidas del Ejecutivo —en particular las prórrogas del estado de alarma cuando los populares se desentendieron de la crisis sanitaria para tratar de agudizar la política—, ya hay conversaciones para que apoyen los Presupuestos Generales. 

Esfuerzo en balde

Pero el posible acuerdo presupuestario con el PP se percibe, a día de hoy, como uno de esos esfuerzos inútiles que solo puede conducir a la melancolía. Y no solo porque al vicepresidente segundo y líder de Podemos, Pablo Iglesias, le parece que pactar con los populares es incompatible con su presencia en el Gobierno, también porque el líder del PP, que va y viene en proclamaciones de moderación, sobre todo tras la victoria electoral de Alberto Núñez Feijóo, que puede ser su rival en el liderazgo del partido, no ha dado muestra alguna de aplicar en la práctica esa mesura.

Se vio de nuevo el miércoles cuando en lugar de alegrarse del acuerdo alcanzado por los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, que supondrá el desembolso de 140.000 millones para España, atacó a Pedro Sánchez por su aparente papel secundario en la cumbre y calificó la ayuda de “rescate” en toda regla. Y lo hizo a sabiendas de que no es cierto, en un intento de seguir polarizando la política española, con el espejo retrovisor enfocando a Vox y no conduciéndose con ese talante moderado que pregona. La respuesta que recibió de Sánchez tampoco augura mejores perspectivas.

Los 27 jefes de Estado y de Gobierno de la UE, entre ellos Sánchez, dieron el pasado fin de semana una lección de cómo se pueden alcanzar acuerdos desde posiciones totalmente enfrentadas, con intereses contrapuestos y desde ideologías muy distantes. Y si 27 países con esas características antagónicas fueron capaces de llegar a un pacto a través de la negociación, no se entiende porqué en España un puñado de partidos muestran ese elevado grado de intransigencia cuando se trata de trabajar por el bien común. Estaría bien que sus líderes repasaran lo ocurrido en Bruselas y extrajeran alguna consecuencia.