Desde Gràcia

Un barrio como un pueblo

Por primera vez en mucho tiempo, parece que los vecinos no tendremos que convivir ni con turistas ni con visitantes atraídos por el infinito número de tiendas de ropa y establecimientos de todo tipo

Se lee en minutos
La calle de Verdi del Mig, cuya decoración en las fiestas de Gràcia lleva por título este 2019 ’Veggie Verdie’.

La calle de Verdi del Mig, cuya decoración en las fiestas de Gràcia lleva por título este 2019 ’Veggie Verdie’. / SERGI CONESA

Cuando alguien contempla la posibilidad de mudarse a Gràcia lo habitual es que lo haga pensando en una de sus supuestas virtudes: que es como un pueblo. Parece ser que todo el mundo quiere vivir en un pueblo. Por la calidad de vida, para poder dejar que los niños jueguen solos en la calle y porque no hay coches. Cuentan también con que haya menos ruido y menos contaminación. Es cierto, es mucho más tranquilo vivir en Gràcia que en la calle de Aragó o cualquiera de las vías más transitadas de la ciudad, pero la Gràcia del siglo XXI es de todo menos un pueblo. Los críos juegan en las plazas pero con unos padres siempre vigilándolos, hasta el punto de que cuando son pequeños nos vemos obligados a entrar con ellos dentro de los pocos parques infantiles que tiene la Vila. Y no hay bichos ni riachuelos, solo la dureza del asfalto.

Te puede interesar

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Este año Gràcia sí va a ser como un pueblo: sin las multitudes que la cruzan todos los días, sin americanos haciendo el 'brunch' en restaurantes cuyas cartas están solamente en inglés, sin la invasión sutil de grupos de japoneses que se suben al veinticuatro a primera hora de la mañana. ¿Qué será lo que el guía les susurra al oído? No, por primera vez en mucho tiempo, parece que los vecinos no tendremos que convivir ni con turistas ni con visitantes atraídos por el infinito número de tiendas de ropa y establecimientos de todo tipo. No hay pueblo que tenga una pastelería siciliana frente a una bodega de las de toda la vida. También abundan las terrazas en las plazas donde el aperitivo se convierte en una vía fácil y cotidiana de escapar brevemente al exceso de pantallas. Una cerveza helada con el sol del final de la mañana es uno de los placeres que los gracienses podemos disfrutar todo el año. Excepto cuando son fiestas, momento en el que, si no se viven con fervor y se pretende dormir alguna noche, es mejor irse del barrio. Pero Gràcia no es Gràcia sin los vecinos sentados en la calle durante las semanas previas, cuando se dedican a preparar los decorados. Este año echaremos de menos una celebración tan popular, tan fraternal, tan al alcance de todo el mundo.