07 ago 2020

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ACUERDO HISTÓRICO

El primer ministro holandés, Mark Rutte, conversa con el presidente español, Pedro Sánchez, en un receso de la cumbre de líderes del Consejo Europeo, este lunes 20 de julio en Bruselas. 

EFE / JOHN THYS

Europa, la media botella

Guillem López Casasnovas

Todo se ha conseguido en parte, pero Sánchez está contento porque tras cuatro noches ya nos temíamos lo peor de este continuo 'to be or not to be'

EL PERIÓDICO ha solicitado a cuatro de sus analistas económicos, tras el acuerdo alcanzado en la Unión Europea, que respondan a la pregunta: ¿Qué debe hacer España con los 140.000 millones de la UE?


Europa, a medio gas. El Parlamento pide dos billones y consigue menos de la mitad. España aspira a recibir 240.000 millones y obtiene poco más de la mitad. Espera que estos sean incondicionados... y lo son solo la mitad. Y a casa felices, en clave interna, mostrando el éxito de su mitad: todo conseguido 'a medias'. No se logra 'quitar el freno' y poner fin a los vetos potenciales de los estados, pero se consigue por vez primera un endeudamiento conjunto. Contentos, sin embargo, porque tras cuatro noches ya se temían lo peor de este continuo 'to be or not to be' europeo. Fin del episodio.

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Ahora toca para tapar agujeros: de la sanidad, lo primero, ahogadas como están las autonomías. Respirarán los financiadores de los ertes y los responsables de las áreas más sociales. Y a trabajar desde los ministerios para obtener aquellas ayudas condicionadas que exigen 'verde y digital'.  Y aquí no hay garantía de cuota estatal ni autonómica: se trata de levantar buenos proyectos para reestructurar, substituir y transitar hacia una economía no solo sostenible, sino también más solvente para afrontar los nuevos retos.

El Gobierno respira: masilla por aquí y algo de cemento por allá. Respirarán las bolsas: ahora ya puede decir el presidente Pedro Sánchez que si no satisface lo pactado con su socio Pablo Iglesias es porque Europa no le deja. Sánchez está contento: todo lo alternativo era, sin duda, peor para él.  Entremedio de lo que funciona a medias: cuatro días de disputas con erosión argumental entre mandatarios, creación de bloques, descalificaciones y un futuro de suspicacias de una Europa polifónica que por primera vez reparte dinero propio (de su endeudamiento) y no de las transferencias estatales (cheques positivos y negativos). Y es que cuando pones pasta de tu parte, ciertamente es comprensible que quieras saber en qué se lo gasta tu vecino. Se confirma, pues, que la construcción europea no consigue edificar aún una casa común.