DESDE EL CLOT

Verde, bodegas y diseño

Hace 10 años aterricé en el barrio y una de las primeras cosas que pregunté a mis vecinos fue qué se podía hacer durante los meses de julio y agosto

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La calle de Rogent, en el Clot, a la altura de la Escuela de Artes y Oficios, en una imagen de archivo.

La calle de Rogent, en el Clot, a la altura de la Escuela de Artes y Oficios, en una imagen de archivo. / RAQUEL GONZÁLEZ

Cuando hace ya más de 10 años tuve que abandonar mi barrio, el Poblenou, a raíz de la descomunal subida de precios de los pisos en la zona, mi exilio forzado me desplazó unos metros hacia el norte de la frontera imaginaria que dibuja la Gran Via entre el barrio de mis padres y el que entonces pasaría a ser el mío de acogida: el Clot. Con propiedad deberíamos hablar de El Clot-Camp del Arpa, en conjunto, pero yo fui a caer al corazón del Clot, junto a la muy paseable calle que lleva este nombre, del mercado municipal que también se bautiza así y del parque, que igualmente lleva de apellido Clot, inexplicablemente bastante desconocido y con rincones llenos de calma.

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Aterricé en el lugar un verano a estas alturas de año y una de las primeras cosas que pregunté a mis vecinos fue qué se podía hacer durante los meses de julio y agosto en aquel rincón de Barcelona que entonces era nuevo para mí. El señor Manel Bachs, nacido hace 80 años en la misma finca, me dio consejos que valen perfectamente hoy. Tras mencionarme algunos de los que consideraba hijos ilustres del barrio, Chiqui Martí, Loquillo y el 'exconseller' de Benestar Social Antoni Comes, me dijo que en la Farinera del Clot

Este centro cultural, justo al lado del Centre Comercial Glòries, tiene las paredes de una fábrica de harinas que funcionó casi hasta finales del siglo XX y que fue rehabilitada en el marco de la campaña 'Barcelona, posa’t guapa!' en los años preolímpicos. Allí la actividad no para, como tampoco lo hace, justo en frente, en una plaza de las Glòries que ya va cogiendo forma en superficie, con amplios espacios de césped e instalaciones para hacer deporte al aire libre. Y si se quiere sombra y poner en danza el intelecto, también allí mismo está 'La Grapadora', el Disseny Hub, donde está la biblioteca del barrio y el Museu del Disseny de Barcelona. Vida nocturna y buena comida, hay mucha, por ejemplo con rincones como la singular Bodega Sopena, en la calle del Clot, y las terrazas de la calle de Rogent, una rambla que también respira barrio.