DECISIVA CUMBRE DE LA UE

Recuperación con permiso de 'Rockefeller' Rutte

La legítima defensa del interés nacional que ejercen los 'frugales' roza, en esta peculiar era viral, ausente de culpables y llena de víctimas, la extorsión

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El primer ministro holandés, Mark Rutte, a su llegada a la cuarta jornada de la cumbre de la UE en Bruselas, este lunes 20 de julio.

El primer ministro holandés, Mark Rutte, a su llegada a la cuarta jornada de la cumbre de la UE en Bruselas, este lunes 20 de julio. / AP / STEPHANIE LECOCQ

Los líderes europeos, entre sonámbulos y despiertos, tras cuatro días de cumbre, una 'eurorave' con 'frites', mascarillas y, suponemos, música de Beethoven, acarician algo histórico: una respuesta concertada lo suficientemente grande como para reanimar las economías europeas tras el tsunami covid-19. La presión es enorme. Los ciudadanos desean comprobar que, en el mundo loco en el que nos hemos instalado, los europeos vamos todos a una.

La UE comenzó la pandemia desarbolada; impotente entre su falta de competencias en sanidad y el descoordinado repliegue nacional, con cierre de fronteras incluido. Ahora, en la primera cumbre cara a cara en cinco meses, y precedidos por el importantísimo papel que está jugando el Banco Central Europeo para mantener el euro a flote, los líderes saben que su responsabilidad es demasiado grande y su tiempo, sobre todo para quienes representan a los países más zarandeados por el virus, demasiado corto.

Acelerar la transformación digital y verde

El fondo de recuperación que se negocia, con unos 390.000 millones de euros en subsidios y 310.000 en préstamos, podría inyectar liquidez a las regiones más afectadas. Si los fondos son empleados inteligentemente, deberían servir para acelerar la transformación digital y verde, o sea, mejorar la productividad de nuestra economía para el nuevo mundo poscoronavirus. La financiación de este fondo a través de la emisión de deuda conjunta sería algo insólito para Europa, algo así como el inicio de una verdadera política fiscal para la UE.

Dado el terreno nuevo que pisamos, unido al hecho de que algunos no hayan sentido el agua al cuello –Holanda, por ejemplo, tendrá una caída este año del -6,8% frente al -10,9% que sufrirá España– explican la naturaleza tortuosa de esta cumbre interminable.

La Haya no tiene prisa. Madrid, Roma, Lisboa, Atenas y también París, entre otros, no tienen tiempo. Los autodenominados 'frugales' –Holanda, Austria, Suecia, Dinamarca junto a Finlandia– agarran la sartén por el mango, a pesar de estar en abrumadora minoría, separados incluso de otros países ricos y norteños que acuden sin pestañear a la llamada de la solidaridad (Luxemburgo, Bélgica, Alemania...).

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Cabe preguntarse si la legítima defensa del interés nacional que ejercen los 'frugales' –nada nuevo si esta fuera una cumbre normal– roza, en esta peculiar era viral y sanguinaria, ausente de culpables y llena de víctimas, la extorsión. Destaca especialmente la labor bloqueadora y adoctrinadora de Mark Rutte, convertido en una suerte de repelente Rockefeller, como si Holanda financiara por sí sola la UE –ocupa el sexto lugar en ese 'ranking'- y como si el marcado único no fuera la joya de la corona de la potente industria de este país.

Como sugiere la politóloga holandesa Catherine De Vries, la actitud de Rutte recuerda a los 'tories' británicos. El 'brexit' ha dejado algunos al descubierto. La frugalidad es, en realidad, una excusa para el euroescepticismo. Urge la recuperación europea, con permiso de Rutte.