07 ago 2020

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EN CLAVE EUROPEA

Mark Rutte habla con Pedro Sánchez, este sábado en Bruselas.

EPA/AP POOL

La insolidaridad debilita la UE

Eliseo Oliveras

Los recortes en el plan de recuperación europeo dificultarán la salida de la recesión y acentuarán las desigualdades entre los países

La actitud de los Países Bajos y sus aliados frugales evidencia una grave fractura interna que dejará profundas heridas políticas

Europa se construirá en las crisis y será la suma de las soluciones aportadas a esas crisis”, escribió en sus Memorias (1976) Jean Monnet, uno de los padres de la Unión Europea (UE). La política de austeridad, impuesta por Berlín y la Comisión Europea a partir del 2010, dejó a Europa debilitada económica y sanitariamente para afrontar la actual recesión y la pandemia del coronavirus. La solución aportada entonces a la crisis financiera y de la eurozona dividió políticamente a la UE, porque destruyó la noción de que todos los estados estaban en el mismo bote y acentuó el nacionalismo de los países más ricos. Ahora, esa tendencia ha llevado a Holanda, Austria, Dinamarca y Suecia, los estados que más se han enriquecido gracias al mercado único europeo según un informe de la Fundación Bertelsmann, a recortar al máximo la solidaridad del plan de reactivación de la UE.

La actitud de esos cuatro países en el Consejo Europeo dejará profundas heridas políticas que debilitarán aún más la UE. Los recortes en las ayudas a dificultarán la salida de la crisis y dejarán a la UE más indefensa ante sus potencias rivales. La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ha insistido reiteradamente en que es “indispensable” un plan europeo “ambicioso” para “construir una recuperación duradera y próspera”. Pero el primer ministro holandés, Mark Rutte, y sus aliados frugales, priman los cálculos electorales cortoplacistas.

Los cuatro frugalesrepresentan el 7% de la población de la UE y el 14% de su producto interior bruto (PIB). El hecho de que puedan socavar el plan propuesto por la Comisión Europea y respaldado por el BCE, Alemania, Francia, Italia, España y la mayoría de países evidencia el nivel de fractura interna de la UE y la peligrosa carencia de una visión común, cuando la UE afronta una crisis existencial y China, Estados Unidos y Rusia tratan de aprovecharse de su debilidad.

A la salida del Reino Unido de la UE, que podría convertirse en una ruptura abrupta a fin de año, se ha sumado la peor recesión desde la segunda guerra mundial, cuyos pronósticos empeoran mes a mes y con una caída del Producto Interior Bruto (PIB) para este año superior al 12% en España, Francia e Italia, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Al mismo tiempo, la extrema derecha euroescéptica gobierna y socava la democracia en Hungría y Polonia y alienta el avance de la ultraderecha en los otros estados miembros, incluidos Alemania, Francia, Italia y España. Estas fuerzas ultras aspiran a explotar políticamente el descontento ciudadano y el impacto negativo de la pandemia, como reconoce la cancillera alemana, Angela Merkel.

La convergencia socioeconómica entre los países de la eurozona se interrumpió con la crisis financiera del 2008 y la política de austeridad volvió a agravar las desigualdades entre sus principales estados miembros, empeorando el problema de la deuda pública que teóricamente debía encauzar. En la inmensa mayoría de países de la UE, el peso de la deuda pública respecto al PIB al finalizar el 2019 era superior al del 2007, incluidos Holanda, Austria y Dinamarca. Por ello, países como España e Italia tienen una capacidad limitada para financiar su reactivación, ya que el nivel de endeudamiento público que requeriría acabaría desestabilizando al conjunto de la eurozona y dañando la credibilidad del euro.

España no recuperó el nivel de PIB real per cápita del 2007 hasta el 2017, mientras que Italia aún está lejos de recuperarlo, según Eurostat. Italia y España son países demasiado grandes para poder ser rescatados, por lo que la supervivencia del euro depende de que ambos puedan recuperar con rapidez un crecimiento sostenido que reduzca el peso de su deuda pública: 2,4 billones de euros (135% del PIB) en Italia y 1,19 billones (96% del PIB) en España al concluir el 2019. En el 2007, la deuda pública de España equivalía al 35,8% del PIB y la de Italia al 103,9%.

Con un plan europeo de reactivación recortado, se acentuarán las desigualdades entre países.Mientras Alemania ha movilizado fondos presupuestarios para reactivar su economía equivalentes al 13,3% del PIB, Francia sólo ha podido dedicar el 4,4%, España el 3,7% e Italia el 3,4%, según los datos recopilados por el thinktankBruegel. Un estancamiento económico o una débil recuperación en Italia, España, Francia y otros países también limitará el crecimiento del conjunto de la UE, ya que el 59% de las exportaciones de los estados miembros van al mercado intraeuropeo.