26 oct 2020

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Editorial

Juan Marsé, un referente

El gran éxito del autor de 'Últimas tardes con Teresa' fue entrelazar la historia del tiempo que le tocó vivir con un estilo singular y apasionado

El Periódico

Juan Marsé, en su domicilio de Barcelona.

Juan Marsé, en su domicilio de Barcelona. / ALBERT BERTRAN

La figura de Juan Marsé, fallecido este sábado a los 87 años, es una de las más representativas de la literatura española de la segunda parte del siglo XX y de lo que llevamos del XXI, con la culminación del merecido premio Cervantes en el 2008. Sus novelas parten de «la narrativa pura, la imaginación y la aventura», como él mismo declaró, y se fundamentan en un trabajo constante, artesanal, de reconstrucción de una realidad histórica, a partir de unos hechos y unos personajes que ya forman parte del simbolismo de una ciudad, Barcelona. Hablar de Marsé, más allá de su indudable calidad como novelista, es también adentrarse en una cartografía sentimental que va desde el Guinardó y el Carmel hasta Sant Gervasi, la plaza de Sanllehy, el Park Güell o la Salut, y recordar retratos tan representativos de la variedad social de nuestro país como el Manolo, Pijoaparte, de la mítica 'Últimas tardes con Teresa'.

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Marsé publicó su primera obra, 'Encerrados con un solo juguete', hace 60 años y fue labrándose una carrera literaria de primer nivel en un entorno marcado por la intelectualidad de izquierdas antifranquista, pero supo ser fiel a su estricta vocación de narrador puro, a partir de instrumentos como la ironía y la evocación de la memoria, y con los conocidos referentes de la cultura popular, como el cine, el cómic o la literatura de quiosco. «El escritor trabaja con la vida, pero la parte más importante és la inventada», apuntó. 

Ganador de numerosos galardones –entre ellos, el Planeta, o el Premio Nacional de narrativa–, con títulos tan destacados como 'La oscura historia de la prima Montse', 'Rabos de lagartija', 'Si te dicen que caí' o 'Esa puta tan distinguida' –su última obra, en el 2016–, su verdadero éxito es haber entrelazado la historia del tiempo que le tocó vivir con un estilo personal y singular, apasionado, que ha merecido el elogio de la crítica y el reconocimiento del público lector. Con Juan Marsé desaparece, además, un ciudadano que nunca se plegó al poder y que siempre abogó por la defensa de la libertad creativa y de la crítica hacia las ilusiones políticas sin sentido. Cabe recordar así su defensa del bilingüismo y su extrema barcelonidad, por encima de patriotismos estériles.