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Joan Roca, con el jurado, en la final de ’Masterchef 8’. 

Joan Roca, con el jurado, en la final de ’Masterchef 8’.  / RTVE

Hace años, al primer canal de TVE se le comenzó a conocer como 'La uno'. Fue producto de una brillante campaña de autopromoción que incidía en su posición de liderazgo en unos años en los que la competencia había aumentado con la llegada de las privadas. Además de una excelente idea de 'marketing', decir 'La uno' era verdad, porque era el canal que ofrecía lo mejor de casi todo y su liderazgo era incuestionable. Pero aquello es hoy un recuerdo. Primero se perdió el fútbol, luego dejaron de ser la referencia en información, después las nuevas formas de entretenimiento y la ficción más relevante comenzaron a estrenarse en la competencia; y poco a poco 'La uno' se convirtió en la tercera y en algunos lugares donde la televisión autonómica funciona, en la cuarta.

Pero lo peor es que el descenso no parece haber tocado fondo, ni la velocidad disminuye; porque con la excepción (que confirma la regla) del brillante 'Masterchef', se trata de un canal que trasmite alarmantes signos de haber dejado de estar en la agenda de los televidentes y algunos comienzan a considerarla irrelevante e innecesaria. A los errores propios se suma la tradicional batalla política en torno a su funcionamiento; el elevado costo de su estructura, y la ya de por sí y que afecta a todos por igual nueva realidad audiovisual. Pero el resultado es que el pasado mes de junio, la audiencia de todos los canales juntos de RTVE solo alcanzó el 14,9 del 'share' (-0,2 respecto a mayo) frente al 29,9 de Mediaset, lo que es lo mismo a que el grupo que fue líder hoy en día solo consigue la mitad de quien ahora ocupa su antiguo puesto. Una diferencia abismal.

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Pero el resultado no refleja la realidad de su oferta. En la llamada audiencia social que monitoriza el número de 'tweets' generados, TVE 1 lidera ampliamente con un 40,7% respecto al 20% de Tele 5. Igualmente, si se tienen en cuenta no solo los espectadores que ven un programa en el momento de su emisión, sino también el consumo en diferido gracias a los sistemas actuales de visionado de la última semana que lo posibilitan, el resultado que alcanza TVE es mucho más relevante de lo que parece puesto que TVE-1 ocupa 24 de los 25 programas o series más vistos por esta forma de consumo. 'Masterchef', por ejemplo, suma un 23% a sus espectadores si se contabilizan a aquellos que vieron el programa la semana siguiente. Más llamativo aún es que a la estupenda 'El Ministerio del Tiempo', su audiencia del día de emisión se vea incrementada en un 50% por espectadores que la ven en diferido.

El canal con la imagen más envejecida parece estar actuando bien en relación a las nuevas tecnologías, y los contenidos que ofrece son por lo general mejores que los resultados que consiguen. Parece haber un problema de comunicación agravado porque lo único que llega asociado a RTVE es la bronca política, dado que los partidos hace tiempo que la han convertido en un campo de batalla donde dirimir sus diferencias, más que en un lugar común de encuentro. Un equilibrado modelo de televisión exige una mesa de tres patas: varias cadenas privadas; un sector público que compita por atraer la atención de los televidentes en base a criterios de calidad, pero no por el mercado publicitario; y un fuerte sector de pago. Sin alguno de ellos la mesa no se sostiene, por lo que interesa que RTVE, que es de todos, vaya bien.

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