22 oct 2020

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IDEAS

Escena del documental ’El caso Alcàsser’. 

El crimen después del crimen

Mónica Vázquez

Puede ser que haya estado viendo demasiadas docuseries estas últimas semanas. Hilaba una con otra, sucesión infinita de hechos y reconstrucciones, abogados con labia, policías redichos y realidades escalofriantes. Aún sabiendo que eran casos reales, estaban lejos de casa: después de ver 'El caso Alcàsser' y 'La desaparición de Madeleine McCann', necesito tomarme un descanso. Estoy profundamente avergonzada por lo que he visto, aterrorizada por el uso ofensivo y prostituido de los medios de comunicación, y no tengo ni idea de cómo digerir esto. 

Mi obsesión por las docuseries es consecuencia directa de mi pasión por la labor de investigación y la organización narrativa de los hechos. Cómo se cuenta una historia termina por sustituir a la historia en sí y observo, completamente absorta, cómo la realidad queda a manos de aquel que sabe construir la mejor réplica de la verdad, aquel capaz de contar el mejor cuento, de la mejor manera posible.

Mi obsesión por las docuseries es consecuencia de mi pasión por la labor de investigación y la organización narrativa de los hechos

No es tanto el “qué”, si no el “cómo”, pero muchas veces el “cómo” acaba convirtiéndose en un nuevo “qué”, cambiando el juego por completo. Y se nos olvida. Normalmente las consecuencias de ese olvido se traducen en pequeñas facturas de carácter personal, y podemos permitirnos el lujo de escarmentar. Pero hay quienes no se pueden permitir olvidar dicha lección, de vida y de oficio.

Siendo los medios de comunicación el hogar de una responsabilidad sociocultural muy concreta que nos mantiene siempre al borde de un precipicio de significado, los periodistas somos todos penitentes de la Cofradía del Cómo. No podemos olvidar nunca la responsabilidad inherente de la palabra dicha, el inherente barniz de validación que nos aporta el medio de comunicación que nos publica, el peso de la expectativa de honestidad y transparencia por parte del público consumidor, y su consecuente exigencia de encontrarse con información contrastada y fidedigna. Que, por favor, no olvidemos nunca más que un medio de comunicación es mucho más que una empresa, y que el uso de estos como herramientas de manipulación emocional al servicio de las ventas, será siempre un ataque, una ofensa, y será el crimen después del crimen. 

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