Tribuna

¡Cómo hemos echado a faltar la escuela!

Ha quedado patente que la escuela es insustituible por un ordenador y una conexión, porque la escuela está hecha de relaciones humanas, de encuentros, de conflictos y de alegrías

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La escuela Vila-roma de Palamós (Girona) ha abierto sus puertas a los alumnos.

La escuela Vila-roma de Palamós (Girona) ha abierto sus puertas a los alumnos. / DAVID BORRAT/EFE

Acabamos la 55ª Escola d'Estiu de la Associació de Mestres Rosa Sensat y como siempre al final, compartimos las conclusiones a que hemos llegado. Estos días de formación, reflexión y encuentro de tantos maestros y educadores, esta vez a través de la pantalla, nos ayudan a afrontar los retos que tenemos, con la esperanza y el optimismo necesarios para trabajar por una escuela comprometida con el mundo. La verdad es que necesitábamos esta carga de pilas, en medio de la avalancha de mensajes negativos y desalentadores que hemos recibido. Y sobre todo, necesitábamos contrastar con compañeros de otras escuelas y lugares el por qué y el cómo de la educación.

Salimos más fuertes de esta, sabiendo que no podemos creer en falsas expectativas, pero sí con el convencimiento de que el papel de la escuela y de los maestros es esencial para el presente y el futuro de los niños y jóvenes del país. Así ha quedado patente: la escuela es insustituible por un ordenador y una conexión, porque la escuela está hecha de relaciones humanas, de encuentros, de conflictos, de abrazos, de alegrías, de amigas... ¡Cómo hemos echado de menos la escuela!

De esta Escola d'Estiu salimos con un puñado de convicciones y también con muchos interrogantes. En primer lugar estamos convencidos de que los niños y jóvenes tienen derecho a la educación y lo han de poder ejercer. La educación es un derecho que va más allá de tener una plaza escolar, y la escuela pública debe garantizar la igualdad de oportunidades que todos los niños y jóvenes necesitan. A un niño le puede fallar la familia, le puede fallar un maestro, pero no le puede fallar la escuela. La sociedad necesita una escuela que funcione y que esté en funcionamiento, en la que la presencialidad no sea un lujo, porque a pesar de que la tecnología forma parte de la escuela, no la puede sustituir.

Renovación

Pero no podemos ir atrás y volver a la escuela tradicional, y por eso trabajamos por una escuela renovada, adecuada a la realidad de una sociedad diversa, compleja y cambiante, con maestros valientes y comprometidos, y niños y jóvenes que participan y toman decisiones. Las notas no pueden matar las ganas de aprender. La evaluación tiene que empujar para alimentar las ganas de aprender, debe ser una guía para el aprendizaje: la observación, la documentación y la comunicación son elementos esenciales en el registro evaluativo, y no solo los exámenes de tipo memorístico. El niño debe participar en todo el proceso para aprender a regularse y autoevaluarse de forma cotidiana.

Toda escuela, todo pueblo y todo barrio tiene un ecosistema y un entorno. Sin idealizar la naturaleza lo que tenemos que pretender es hacerla permeable a los entornos escolares, haciendo los espacios viables para la educación, dentro y fuera de las escuelas. Los encuentros con los espacios exteriores deben ser mucho más cotidianos e incluso conviene educar a utilizar los espacios.

La educación es una tarea colectiva de equipos de educadores, niños y familias. Durante la crisis, ha habido un redescubrimiento mutuo entre familias y escuela. Estas relaciones tienen que seguir manteniéndose, porque son un vínculo esencial, cada uno tiene deberes y derechos diferentes en el acompañamiento de los niños y jóvenes.

Los niños y los jóvenes deben poder ir a la escuela para ejercer su derecho, los tiempos son imprescindibles pero los espacios cambiantes, y esto topa con muchas incoherencias en la aplicación de medidas para prevenir el covid. Necesitamos un equilibrio entre estas medidas de seguridad y un entorno educativo rico y de calidad, atreviéndonos a aprender sobre la marcha y en cuestionar el protocolo y las normas. Si tenemos que esperar que nos digan lo que tenemos que hacer, no haremos nada: el covid no puede anular la capacidad crítica, y la desobediencia y la imaginación nos deben permitir ajustar estas normativas y protocolos a la realidad de cada escuela. Se necesitan menos normas y más criterio.

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El miedo está muy presente en esta pandemia. Es importante saber convivir con la incertidumbre y los miedos en el ámbito educativo, para tomar decisiones sensatas. Superemos, pues, el miedo, vivamos la incertidumbre como valor educativo y tengamos la imaginación como recurso imprescindible para generar y crear nuevos espacios educativos, acompañando desde el presente, con confianza, cooperación, optimismo y razones para vivir.

*Presidenta de l'Associació de Mestres Rosa Sensat.