23 nov 2020

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Análisis

El lendakari y candidato a la reeleccion Inigo Urkullu, a la izquierda, vota en la localidad vizcaina de Durango, este domingo.

Efe / Luis Tejido

Premio a la moderación

Rosa Paz

Los vascos han premiado la moderación y la sensatez de Iñigo Urkullu y de un PNV envuelto en la bandera de la buena gestión y la estabilidad

Los vascos han premiado la moderación y la sensatez de Iñigo Urkullu y de un PNV envuelto en la bandera de la buena gestión y la estabilidad y alejados ambos, el lehendakari y su partido, de cualquier cosa que huela a radicalismo nacionalista. Muy apartados de la deriva que el nacionalismo moderado catalán emprendió hace ahora diez años y que le ha llevado a posiciones soberanistas y a un escenario de tensión política y social, que en el País Vasco solo los votantes de EH Bildu observan con interés y, a veces, con envidia. 

Pero incluso la izquierda abertzale, que como el PNV mejora sus posiciones con cuatro escaños más que los que obtuvo en 2016, lo ha logrado acentuando más su perfil social que el independentista y vendiendo a sus electores su capacidad de pactar políticas concretas -la polémica derogación de la reforma laboral, por ejemplo- con el Gobierno de Pedro Sánchez. De hecho, EH Bildu se ha nutrido de buena parte del voto joven de izquierdas que hace cuatro años se decantó por Elkarrekin Podemos. Es una nueva generación, que no tiene memoria de ETA -que dejó de matar hace diez años- y que, por tanto, carece de prejuicios respecto al partido de Arnaldo Otegi. 

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El partido de Pablo Iglesias, con cinco escaños menos, se ha pegado un batacazo incluso superior al del PP vasco. Una caída, no tan grave como la sufrida en Galicia, pero que lo coloca, no obstante, en una posición marginal en el escenario político de Euskadi y deja a a Iglesias tocado y muy debilitado en el escenario político español.

Tampoco a Sánchez le han ido bien las elecciones vascas, donde los socialistas no han conseguido los 12 escaños que ansiaban y no se han beneficiado ni del tirón que podría tener el presidente del Gobierno ni de la bien valorada gestión del Ejecutivo vasco, donde gobiernan en coalición con el PNV. Suele ser normal que el partido más fuerte se beneficie de los logros de una coalición, ha pasado anteriormente en el País Vasco y pasa, por ejemplo, en Alemania, pero el PSE aspiraba a hacerse con el apoyo de al menos de una parte de los votantes que ha perdido Podemos y no lo ha logrado. Los socialistas, con todo, han recuperado la tercera posición en el tablero electoral vasco y se mantendrán en el Gobierno de Ajuria-Enea coaligados con el PNV. 

También ha fracasado la apuesta de Pablo Casado por el ala más radical del PP vasco, en clara contradicción con la moderación de Núñez Feijóo, y en lo que parecía un intento de competir con Vox, para cerrar a la ultraderecha cualquier posibilidad de entrar en el Parlamento de Vitoria. Los populares, en coalición con Ciudadanos, han perdido votos y escaños y pese a llevar de candidato a Carlos Iturgaiz, que fue el jefe de Santiago Abascal en sus años de militante popular vasco, no han podido impedir que Vox obtenga un escaño por Álava. Un fiasco en toda regla, que coloca a Casado en una posición débil  frente al ala moderada de su partido y amenazado por la sombra del líder gallego.

Un mal día para los Pablos, Iglesias y Casado, y bueno para los nacionalistas, PNV y Bildu.