27 oct 2020

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ANÁLISIS

Feijóo y Casado, durante la presentación de la candidatura del PP en Galicia, el pasado 22 junio, en Santiago de Compostela.

ALVARO BALLESTEROS (EUROPA PRESS)

Euskadi, Galicia y la influencia

José Luis Sastre

Los partidos están jugando varias partidas a la vez y no importan solo los votos que consigan en estas elecciones

Es raro que en este momento incierto en que no sabemos lo que está a punto de ocurrir tengamos por seguros dos resultados que se darán nada menos que en dos votaciones, con lo arriesgados que son los pronósticos electorales. Sabemos que en Galicia ganará el PP y que en el País Vasco lo hará el PNV, porque son los partidos con mayor implantación. Luego están las otras dudas, que son las interesantes: si Alberto Núñez Feijóo tiene tan segura la mayoría absoluta, si alcanzará las cotas de Manuel Fraga o si el PNV mantendrá el margen que ahora tiene para gobernar en coalición. De todas las dudas, sin embargo, la principal es la participación, porque en plena crisis lo último que pide el cuerpo son unas elecciones y menos aún una campaña, según demostraron las municipales francesas en las que se abstuvo el 55%. Pero así está puesto el calendario, en combate con los rebrotes, y estas elecciones servirán para medirlo.

Medirán, de hecho, varias cosas. Para empezar, la gestión que han hecho los gobiernos autonómicos, que la mirada de Madrid a veces ignora lo más obvio. Antes de todas las claves nacionales que le quieran poner, en estas elecciones se examina primero la hegemonía de dos partidos, hegemonía que, aunque con algún paréntesis, se alarga durante años sin que haya voces que la cuestionen como curiosamente hacían con el PSOE andaluz, de cuyas mayorías llegó a decir Alberto Ruiz Gallardón que eran una anomalía en la Historia. Quienes propagan esos debates no los trasladan al caso gallego o vasco. Es más, el PP acaba de celebrar sus 25 años al frente de la Comunidad de Madrid con una campaña que viene a atribuir al partido la llegada de la libertad.

Así que lo que midan estas elecciones será, para empezar, a los que todos dan por ganadores y a los partidos de la oposición, que tiempo han tenido para consolidar sus alternativas. Después vendrán los demás análisis y, si es menester, la guerra. En especial en el PP, por mucho que la niegue Pablo Casado, al que le interesa que Feijóo gane pero que gane poco porque todo lo mucho que gane será lo que sus críticos le van a exigir. De ahí que, durante esta campaña, el PP haya compartido votaciones con el PSOE y haya revivido Mariano Rajoy y hayan desaparecido del foco Cayetana Álvarez de Toledo y José María Aznar lo mismo que han desaparecido las siglas del PP.

Termómetro

Las elecciones le ponen a Casado el termómetro por Galicia y por su apuesta en el País Vasco de ir con Carlos Iturgáiz y junto a Ciudadanos, dentro de un mapa difícil de descifrar: el PP concurre con Ciudadanos, que habla de los presupuestos con el Gobierno del PSOE y de Unidas Podemos, quienes proponen un tripartito con el PSE y EH Bildu aunque el Ejecutivo con quien negocia las cuentas es con el PNV, dispuesto a revisar su incompatibilidad con Ciudadanos.

Es curiosa la política, que se dice tan crispada y luego te permite hilar a todos los partidos en una misma frase. Están jugando varias partidas a la vez y no importan solo los votos que consigan, sino la influencia. Será por eso por lo que, antes de que se vote, nadie discute que ya han ganado el PNV y el PP gallego.