13 ago 2020

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Ideas

Si se nos cruzan los cables

Si se nos cruzan los cables

Jordi Puntí

La chispa de lucidez puede ir en direcciones muy diversas, Valentín Roma nos da múltiples ejemplos -de artistas, músicos, escritores- para cuestionarnos lo que entendemos y cómo lo interpretamos

En la galería de personajes inolvidables que dan vida a la nueva novela de Anna Ballbona -'No estoy aquí' (Anagrama)-, hay uno que pasa de puntillas y parece que no esté, pero llena varias páginas con su presencia frágil. Es la abuela de la narradora Mila. La abuela es la señal de otra época, la prueba de que el progreso lo arrastra todo sin miramientos, y así llega un día en que el camino que iba de la masía al pueblo pasa por debajo de una autopista. Ella tal vez ya no se da cuenta del cambio, pero como secuela de un accidente, cuando la atropellaron mientras pasaba bajo el puente de la autopista, a veces se desmaya. Entonces el vocabulario familiar lo describe así: "Se le ha hecho oscuro". No sabemos qué cortocircuitos mentales se producen en la cabeza de la abuela, pero sí los de su nieta, que nos da una pista y escribe: "Algunas sombras son tan oscuras que, según la deriva que pillen, pueden transformarse en humor negro".

Gracias a ese poder de transformación, la abuela de 'No estoy aquí' podría aparecer en 'Diecinueve apagones y un destello', el ensayo de Valentín Roma que ha publicado Arcàdia. Roma explora las virtudes del 'blackout', es decir del apagón, ya sea físico, intelectual o abstracto. Es ese momento en que a alguien se le cruzan los cables (pero bien), se le hace oscuro, y de ese instante surge una luz nueva, inesperada, a veces extraordinaria. La chispa de lucidez puede ir en direcciones muy diversas, y Roma nos da múltiples ejemplos -de artistas, músicos, escritores, militares- para cuestionarnos lo que entendemos y cómo lo interpretamos. Como Freud cuando observa la barba del Moisés de Miguel Ángel; o como los cuadros de Jan Steen, que era contemporáneo de Vermeer, casi vecinos, y pintaba tabernas llenas de músicos y borrachos. O como Francis Bacon pasando la noche a solas en el museo del Prado y saliendo de allí enloquecido.

Con Valentín Roma aprendemos que detrás de la oscuridad repentina, los plomos fundidos, puede haber un misterio, pero no siempre es significativo. No en vano alguien ya contó que cuando Goethe, en su lecho de muerte, susurraba "más luz, más luz", sólo quería que alguien abriera la ventana.