07 ago 2020

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Análisis

Imagen de la zona de espera de una oficina de la Agencia Tributaria durante una reciente campaña de declaracion de la renta.

EFE / Perez Cabeza

Analistas variados

Guillem López Casasnovas

En la Economía hay muchos tipos de opinadores y con conclusiones diversas sobre materias tan distintas como los impuestos o el gasto público

Hay dos clases de analistas: los que tienen una opinión formada y buscan mostrar la robustez de lo que afirman, y los que se instalan en zonas de confort con el "sí pero no" y el "no pero sí" en nombre de la complejidad.

En Economía, los segundos predominan. Siendo una ciencia social interferida por múltiples efectos (creencias, percepciones, intereses) lo más fácil es ejercer un cierto camaleonismo para disponer de márgenes para ajustarse a las realidades cambiantes. Un salvoconducto sencillo es el de acogerse a 'hechos que cambian, opiniones que se ajustan', como identificaba Keynes en su tiempo.

También se puede echar mano más formalmente de teorías de la complejidadDaniel Innerarity tiene un libro completo donde se desarrollan aristas de esta complejidad. Ciertamente esta posición, tanto desde el empirismo coyuntural extremo como del formalismo inteligente, puede contribuir a la reflexión, especialmente de los que se pueden permitir 'rondos sin chutar' que decía el sabio Johan, o que requieren la máxima prevención desde la teoría del 'no hacerse daño'. O en la versión más nuestro, de cruzar el mediterráneo sin mojarse.

También encontramos analistas que, antes de abrir boca, ya se sabe qué van a decir, o bien por el medio en el que publican o por el conocimiento manifiesto de identificar de dónde cobran. Y, por supuesto, también aquellos que, desde la experiencia y en particular por el 'confieso que he vivido', tienen un relato consistente. Son aquellos capaces de superar los indicadores de coyuntura para observar los fundamentos que hay detrás de todo con independencia de criterio, contra tendencias o tópicos dominantes, a riesgo, al menos algunas veces, de ser esclavos de su propia jurisprudencia (los catastrofistas, los de que 'será el próximo año si Dios quiere').

Digo todo esto en el escenario de consolidación fiscal que se anticipa. Ahora gastamos a cuenta del estado que a la vez se financia del crédito que da el BCE. Sabemos que tarde o temprano llegarán los cargos de esta particular tarjeta de crédito. Y los analistas se posicionan: el mayor gasto ha venido para quedarse, sea por la continuidad de la crisis, o por la necesidad de reforzar los servicios públicos. Aquí el acuerdo es bastante general. Pero las diferencias empiezan entre aquellos dos tipos de analistas sobre cómo financiarlo.

Mejorar la gestión del gasto y luchar contra el fraude fiscal se dan como solución, pero es falso. Las dos cosas son estructurales, se tienen que hacer por higiene democrática sea cual sea el nivel de recaudación fiscal y nunca es recurrente: ambos márgenes tienen techo. Siguen las propuestas de subir la presión fiscal: algunos ni entienden que subir
tipos no equivale a una mayor recaudación; otros claramente identifican que es un problema de distribución de la carga fiscal (quién debe pagar son 'los otros').

Y últimamente empiezan a salir informes (FEDEA recientemente). Es esperable que esta fundación no castigue a los patrimonios y que hable de eliminar desgravaciones en sociedades sin precisar, conscientes de que detrás de cada una de ellas encuentran un grupo de presión cercano. Opta así por recargar el IRPF, a pesar de que los autores son conscientes de que las grandes fortunas no pagan renta (sociedades interpuestas, elusión fiscal, etc.). Ahora seguirán otros informes posiblemente más del tono del 'no pero sí'. Yo soy partidario 'caeteris paribus' (con todo lo demás constante) de terminar subiendo selectivamente el IVA  (el normal, no el reducido), no abolir patrimonio (rehaciendo los descosidos de las empresas pantalla) y reforzar sucesiones (como rentas no ganadas). Y creo que lo puedo defender bastante bien. Muchas otras cosas se pueden hacer (combinaciones, etc.), pero este es un inicio efectivo y concreto. El mío.