14 ago 2020

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Editorial

Mascarillas, responsabilidad y eficacia

Las dificultades para extender el cumplimiento de las medidas de protección justifican que se den instrucciones claras y generales

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El Periódico

Jóvenes paseando por el Carrer Major, de Lleida, con mascarilla.

Jóvenes paseando por el Carrer Major, de Lleida, con mascarilla. / JORDI V POU

La ‘consellera’ de Salut, Alba Vergés, declaró que llevaría a reunión del Consell Executiu la propuesta de hacer obligatorio el uso de las mascarillas en todos los espacios públicos de Catalunya, independientemente de si las personas mantienen entre sí una distancia física de seguridad. Del encuentro del Govern salió, según declaró la ‘consellera’ portavoz Mereitxell Budó, la intención de extender el uso de esta medida sanitaria, pendiente no obstante de que la iniciativa sea refrendada por los técnicos y políticos que participarán en la reunión del Plan Territorial de Protección Civil de Catalunya (aunque quizá hubiese sido más lógico que el orden de los factores fuera inverso). Este órgano deberá establecer también las condiciones y excepciones, que deberían ser tan claras y específicas como sea posible.

Cabe recordar que la obligatoriedad del uso de la mascarilla ya está vigente, en locales de afluencia pública, en los transportes colectivos e incluso en la vía pública donde no sea posible mantenerse a distancia. Y que formalmente el incumplimiento ya era sancionable, aunque esto no ha sido hasta ahora ni mucho menos una prioridad. Aun así, es evidente que existe la «relajación» que obliga a ampliar los casos. Y los motivos de este descuido son muchos. Desde una inconsciencia o una percepción de que el peligro ha descendido, que a estas alturas ya resulta difícil de comprender, hasta el desconcierto causado por los cambios de criterio sobre la necesidad de este elemento, que finalmente se ha mostrado eficaz a la hora de reducir la circulación comunitaria del virus,.    

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El riesgo cada vez más real de que los rebrotes localizados se extiendan en forma de una segunda ola obliga a tomar medidas. Y es preferible dar una instrucción general e inequívoca que seguir dejando resquicios que faciliten o excusen el mantenimiento de actitudes irresponsables. Sin olvidar que hay otros muchos factores que deben intervenir para volver a frenar la expansión de la enfermedad que no dependen de hacer llamamientos al civismo sino de la actitud eficaz de las administraciones sanitarias, como detectar y aislar rápidamente los lugares y actividades que pueden iniciar nuevas cadenas de contagio.