11 ago 2020

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Carles Puigdemont, durante un acto independentista celebrado en Perpinyà el 29 de febrero.

EFE / DAVID BORRAT

El bis de la mentira fértil

Jordi Mercader

La política del engaño consciente en busca de un resultado electoral compensatorio sigue vigente en el independentismo

Mucho antes del tremendo desenlace de octubre del 2017, los independentistas más pragmáticos ya habían abrazado el viejo vicio político de la mentira fértil para justificar el 'procés'. El choque frontal contra el muro del Estado español era visto por estos dirigentes como una inversión de futuro, con unos costes personales soportables en comparación con los beneficios políticos que reportaría a la causa, incluso contemplando el inevitable margen de frustración.

Algunos participantes y prescriptores de todo aquello participan ahora de la moda política de proclamar que fue un error, como mínimo de cálculo, pero no lo fue, porque la fertilidad de la mentira fue innegable para sus creadores, a pesar de que la reacción del Estado fue mucho más dura de lo previsto por ellos mismos.

La mentira del independentismo no está en la legitimidad del sueño de un Estado propio, sino en la inevitabilidad del mismo y en la vía elegida para materializarlo. La política del engaño consciente en busca de un resultado electoral compensatorio sigue vigente.

Al poco del 1-OCarles Puigdemont hizo fortuna electoral haciéndoles creer a sus votantes que dejaría Waterloo para acudir a su investidura, extremo que al no ser viable acrecentó su figura de presidente indómito, en detrimento de quienes tantearon al electorado para abrir caminos más transitables. Si funcionó una vez y otra, por qué no repetirlo, se habrá dicho Puigdemont, a pesar de tener pequeñas pruebas del cansancio que genera tanta banalidad argumental en el goteo de deserciones que se da en La Crida, últimamente.

La trampa

El anuncio de la repetición de una propuesta fracasada (la confrontación con el Estado desde todos los flancos posibles) fue endulzada de inmediato por Jordi Sànchez al negar contradicción con la negociación entre gobiernos que Quim Torra asume con una desgana desmoralizadora. ERC tardó minutos en reivindicar la paternidad de la envolvente confrontación-diálogo, cayendo en la trampa que el astuto Sànchez, la auténtica mano derecha de Puigdemont, les brindó para dejarlos sin perfil propio en la lucha por la hegemonía independentista.

La presunción de que es posible al mismo tiempo chocar con el Estado para deslegitimarlo en términos democráticos y hablar con el Gobierno central sobre aspectos que ningún Ejecutivo constitucional puede soportar tiene todas las características de la mentira feraz.

Amenaza de confrontación

Los diferentes órganos del Estado no han dado ninguna muestra de estar dispuestos a ceder ante la amenaza de confrontación, más bien todo lo contrario, aun deslizándose por el exceso; y la eventual negociación política entre gobiernos y partidos sobre avances en materias constitucionales se frustrará en cuanto se planteen derechos no reconocidos en la Carta Magna como el de la autodeterminación.

La viabilidad de esta envolvente teórica es poco creíble. En cambio, lo que está cantado es la instrumentalización del fracaso de la misma: eliminar el diálogo de toda ecuación de futuro para fortalecer la vía de la unilateralidad.