14 ago 2020

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IDEAS

Un Hamlet de 81 años

AP / AGATHA A. NITECKA

Un Hamlet de 81 años

Josep Maria Pou

Sir Ian McKellen, el más grande actor 'shakespeariano' vivo, empezó el pasado lunes, a sus 81 años (casi 82), los ensayos de una nueva producción de 'Hamlet' en la que, por increíble que parezca, el actor encarna al mismísimo Hamlet, un personaje que interpretó hace ya medio siglo, cuando a los 31 recién cumplidos estaba empezando su carrera.

Hasta muy poco antes de que llegara la consabida pandemia McKellen estuvo representando 'King Lear' y un extraordinario espectáculo unipersonal con el que celebraba haber llegado a los 80, en una 'tournée' por 80 teatros escogidos por él mismo, algo que todo el mundo entendió como un viaje de despedida. Pero no. El amor por su oficio, la pasión por Shakespeare y el atractivo del riesgo han podido más que la edad y el cansancio.

El amor por el oficio, la pasión por Shakespeare y el atractivo del riesgo han decidido a Sir Ian McKellen a interpretar a Hamlet a sus 81 (casi 82) años de edad

¿Un Hamlet de 81 años (casi 82)? Sean Mathias, el director, lo razona así: "Si ya resulta normal, por suerte, ver repartos en los que se alteran género y raza sin problema, ¿por qué no hacer lo mismo con la edad?" El personaje de Hamlet ha sido siempre patrimonio de actores jóvenes y, excepcionalmente, de algunas actrices (Sarah Bernhardt, Núria Espert, Blanca Portillo). Los ha habido también de inconfundibles raíces africanas. ¿Por qué no, pues, un Hamlet que sea la voz de la experiencia, en el que el público pueda ver no solo al joven príncipe de Dinamarca sino también y al mismo tiempo al anciano actor, maestro de actores, pasando el personaje por el tamiz de los años y la vida? Las palabras de Hamlet –"words, words, words" – destiladas por McKellen en su viejo alambique pueden descubrirnos nuevos aspectos de la naturaleza humana.

Albert Finney tenía 38 años cuando, en 1974, le expresó a Peter Hall su deseo de interpretar a Hamlet. El director le contestó, escueto: "Llegas cinco años tarde". ¿Es posible que Ian McKellen esté llegando demasiado pronto? Yo quiero pensar que no, que su atrevimiento llega en el momento justo, puntual a la cita con un teatro necesitado de cambios sustanciales, en el que creadores y público, adultos tras una larga, continua y lenta ebullición, están dispuestos a asumir, valientes, los resultados de una imparable evolución.