El soberanismo catalán

'Realos' y 'fundis'

Una de las debilidades del independentismo es que ha pretendido gobernar ignorando las contradicciones del país

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Torra y Aragonés, durante una comparecencia conjunta

Torra y Aragonés, durante una comparecencia conjunta / JORDI BEDMAR / EFE

Hace unos días el mítico Daniel Cohn-Bendit, y a raíz de la irrupción con mucha fuerza en las grandes ciudades francesas de las candidaturas verdes, afirmaba, en relación a los ecologistas, que "la evolución pragmática no significa el abandono del corpus ideológico, sino que gestionar una ciudad, un land, incluso un país, significa gestionar una sociedad cargada de contradicciones". Resolver el equilibrio entre pragmatismo y coherencia ideológica es siempre un punto capital para cualquier movimiento político disruptivo cuando tiene éxito y logra el poder institucional. Y justamente, una de las debilidades más evidentes del movimiento independentista, en sus actuales expresiones partidistas, es que habiendo ganado claramente las elecciones del año 2017, pero también las del año 2015, ha pretendido gobernar ignorando las contradicciones del país; ha preferido intentar desarrollar un programa político en el que la pureza ideológica, la ética de las convicciones y el dirigirte solo a los 'tuyos' se impusieran al pragmatismo, la ética de la responsabilidad y la aspiración de dirigirte a todos. Podemos explicar el error de la declaración unilateral de independencia, o la ley de desconexión, desde esta óptica, por ejemplo. O podemos ver cómo se sigue tuiteando en las redes como un activista, cuando te has convertido en un gobernante.

La capacidad transformadora de la política en democracia tiene mucho que ver con esta necesidad de entender las contradicciones de la sociedad y la complejidad de las cuestiones que tenemos planteadas, incluida la cuestión de la soberanía y las identidades nacionales, que tan bien está recordándonos en sus últimos trabajos el filósofo vasco Daniel Innerarity. Claro que asumir las contradicciones y la complejidad topa con la estrategia de la polarización, el simplismo del mensaje en las redes sociales y el maniqueísmo de unos contra otros que tan buen resultado electoral hasta ahora ha dado en todo el espectro político a los que han usado y abusado de estos planteamientos.

Para entender el debate estratégico entre ERC y JxCat esta discusión es clave

En el tiempo en que estamos y en los que vendrán, la discusión en el mundo independentista tendrá mucho que ver con esta tensión. De hecho, para entender el debate estratégico entre ERC y JxCat esta discusión es clave. Y la reconfiguración del antiguo espacio que compartían Convergència y el PSC, con la irrupción del PNC, también se explica, en parte, por esta tensión. Entre 'realos' y 'fundis', vaya, para seguir encontrando similitudes con el movimiento verde, en este caso el alemán de los años 80.

Se trata de decidir si tienes vocación de movimiento de protesta o mentalidad de gobierno. Si te instalas en la lógica de la protesta, el bloqueo político en Madrid, la inhibición en la política española en los aspectos económicos y sociales claves para el país y la dificultad para entender y asumir que mandas a 18.000 policías y tienes las competencias de orden público serán la norma. Si estás en la lógica del gobernar, entenderás que el diálogo con voluntad de llegar a compromisos sólidos y desbloquear el conflicto, el intervencionismo en los temas catalanes que se deciden en Madrid o la asunción plena, con todas sus consecuencias, de las responsabilidades que se derivan del hecho de gobernar serán tu guía.

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Quizá algunos piensan que es posible estar en la protesta y en el balcón de gobernante a la vez. Y no suele funcionar; para los manifestantes siempre habrá decepción y frustración cuando 'sus gobernantes' no les satisfagan; para el Gobierno siempre habrá debilitamiento de las instituciones y de la acción de gobierno en beneficio de la justificación de la protesta.

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El país necesita con urgencia gobernantes que acepten las contradicciones y la complejidad como parte esencial de su responsabilidad. La complejidad de las identificaciones nacionales de los catalanes, además, lo aconseja, si es lo que soberanismo aspira a ofrecer un programa válido para todo el mundo, en términos nacionales; y aún más si aspira a superar sus actuales límites. Y también las contradicciones y complejidad derivadas de las dificultades que debemos afrontar con la pandemia del covid-19, en el contexto de las disrupciones globales y simultáneas, que se están produciendo, lo hacen imprescindible. No hay soluciones fáciles ni simples que se puedan reducir a un tuit o a un listado de buenas intenciones.

Y es que la madurez de un movimiento político y su éxito transformador se demuestra cuando no aspiras a gobernar solo para los que te han votado sino para la inmensa mayoría.