14 ago 2020

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ANÁLISIS

Sarunas Jasikevicius besa la camiseta de su nuevo club.

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Una crisis neutralizada; ahora falta la otra

Albert Guasch

Jasikevicius aporta energía y carisma y equivale a una llegada de Xavi en caso de fracaso en la Champions

Josep Maria Bartomeu ha logrado neutralizar la crisis de la sección de la canasta con la contratación rápida de una figura carismática. El fichaje de Sarunas Jasikevicius vendría a ser como si después de una hecatombe del Barça de Quique Setién en cuartos de la Champions el presidente atara a Xavi Hernández para el abrasador banquillo del Camp Nou. No hablamos aquí de desactivar a la oposición, ni tacticismos por el estilo, sino de inyectar energía al equipo y proponer un liderazgo fuerte, como de inmediato va a conseguir el técnico lituano. 

Jasikevicius se ha presentado (como si hiciera alguna falta) besando el escudo de una camiseta azulgrana (de Unicef). Pasión, ilusión, conexión con la grada inmediata… El mensaje cala. Nada que desmerecer desde estas líneas a Svetislav Pesic, cuyos niveles de exigencia no admiten duda. Con él, y la magnífica plantilla que se le sirvió en bandeja, el Palau ha experimentado un crecimiento en venta de abonos, entradas y expectativas. Pero su etapa debía concluir ahora, quizá incluso antes. «Tengo un buen trabajo, una buena vida… Personalmente solo quiero una cosa: que no cambie nada», confesó hace unos meses en una entrevista a este diario.

Adiós decepcionante

A la postre, el cargo genera un desgaste y el propio Pesic ha entendido que su misión en el Barça no podía prolongarse más. Es muy posible que si en lugar de jugarse a un partido, la final se hubiera disputado a cinco, como es lo habitual, el cuadro barcelonista habría hecho buenos los pronósticos, aun con Mirotic renqueante.

No ha sido el caso en esta temporada inusual del deporte mundial. Y la sombra de la decepción acompañará a Pesic hasta la puerta de salida. No han caído confetis al cruzar el umbral. Una lástima.
Su relación con los jugadores no era tampoco la mejor. Mira por donde, otro paralelismo con la sección prima donna del club. A diferencia del fútbol, no obstante, el vestuario del baloncesto no se caracteriza por engullir entrenadores. Y a Pesic, que habla gritando, menos.

Resuelta pues la crisis del baloncesto gracias a una jugada diligente, todo apunta a que Bartomeu necesitará en verano otro movimiento maestro en la sección reina. Todas las señales apuntan a que el transatlántico se dirige hacia un iceberg y el capitán contratado en enero ha perdido los planos y la voz de mando. A bordo ya se han oído voces de disconformidad.

Difícilmente la directiva podrá defender que el timón sea sujetado por las mismas manos en caso de catástrofe y la tentación de Xavi, que parece ofrecerse ante cada oportunidad, es muy golosa.  Esta directiva y su dirección deportiva ya lo intentó antes que con Setién. La cosa acabó rara, es cierto, pero ¿quién sabe?