10 ago 2020

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Dos miradas

Un momento de ’A tocar!’, el espectáculo inaugural del Festival Grec.

FERRAN NADEU

Tensar el alma

Josep Maria Fonalleras

El espectáculo 'A tocar!' del Baró d'Evel ha devuelto la vida al teatro

He visto muchas inauguraciones del Grec, pero pocas tan emocionantes y conmovedoras como la de este año que se nos ha desmenuzado. Un año sin palabras para describirlo, tal vez solo un grito, un año que se ha hecho añicos como el vestido de yeso de Camille Decourtye y Blaï Mateu, al comienzo del espectáculo que ha devuelto la vida al teatro, que ha trazado, como escribe Marina Garcés, "la línea precaria entre un dentro y un afuera", una raya efímera de arena.

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Ninguna tan intensa y dolorosa como este 'A tocar!' del Baró d'Evel, un cabaret hecho a trozos, una pista de circo donde resuenan "las voces que parecen inútiles". Lo decía Domenico, el loco de 'Nostalgia' de Tarkovski, en lo alto de la estatua de Marco Aurelio: "La calle de nuestro corazón está lleno de sombras, hay que escuchar esas voces". Las de los lunáticos, las de los 'clowns', "para tensar el alma de todos lados como si fuera una sábana". Como la de Tortell Poltrona, con un discurso similar al de aquel visionario, o mezclando comedia y tragedia en una entrada de payaso memorable, felliniana, sobre la muerte que no perdona. Retendré el temblor de este 'A tocar!'. Lo tendré en la alacena, para que me alimente.