14 ago 2020

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Análisis

Un grupo de jóvenes.

123RF

Efecto cicatriz

Ester Oliveras

Una persona que ahora esté en sus 30 habrá sobrevivido ya a dos crisis económicas considerables. Dos cicatrices. Y, si se trata de una mujer madre, tal vez tres

La cuarta oleada feminista se está ocupando de hacer visible el impacto negativo que la crisis del coronavirus está teniendo sobre las mujeres, pero el informe del Banco de España publicado recientemente pone de relieve la vulnerabilidad de otro colectivo ante esta crisis: las personas jóvenes.

Hombres y mujeres suelen encontrar sus primeros trabajos temporales en sectores relacionados con el ocio, la restauración, el turismo, y el comercio minorista. Primeros trabajos que sirven para adquirir experiencia, demostrar capacidad de trabajo, constancia y tenacidad, e irse consolidando en el mercado laboral. Pero precisamente son estos sectores los que han visto su actividad más comprometida por los efectos de la pandemia. Primero por el confinamiento estricto y ahora por una reactivación lenta, difícil, e insegura.

El período de vida que comprende desde la finalización de los estudios hasta una cierta estabilización laboral se considera una etapa sensible en la que se ponen los cimientos del futuro profesional de la persona. En este sentido, la gestión de la crisis financiera del 2008 ha dejado evidencias sobre el impacto duradero que puede tener entre las personas jóvenes una crisis económica si no se gestiona correctamente. En esa en particular, el aumento de la precariedad y del periodo de desempleo entre un trabajo y el siguiente implicó que los perfiles más vulnerables se vieran atrapados en una cadena de trabajos no cualificados, dejando una cicatriz laboral y perpetuando desigualdades económicas y sociales.

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Ahora existe un peligro real que esto vuelva a suceder en el mismo segmento de población. Aunque los orígenes de la crisis financiera y de la crisis sanitaria son radicalmente distintos, las consecuencias podrían ser las mismas. En la crisis financiera, la estrategia de austeridad implicó una reducción drástica de los costes laborales que se ensañó sobre el empleo juvenil, destruyendo el empleo temporal, más económico y rápido, y mantenido los contratos permanentes. Recordemos que el nivel de desempleo de personas entre 20 y 24 años se situó por encima del 50% entre 2012 y 2014. La crisis actual también está afectando a las personas jóvenes, pero no por las políticas de austeridad, sino por las particularidades de estos sectores ante el covid y el peso que estos tienen en nuestro país.

Quizás es un buen momento para revisar las políticas públicas relacionadas con las transiciones del instituto al trabajo, y la importancia de tener una formación profesional de calidad. El último inciso es para las mujeres jóvenes; aunque en los momentos iniciales el tiempo de inserción en el mercado laboral es similar para hombres y mujeres, las diferencias aparecen en etapas de maternidad, cuando existe la necesidad de compaginar las obligaciones laborales con las familiares – que siguen siendo muy mayoritariamente asumidas por las mujeres.

Una persona que ahora esté en sus 30 habrá sobrevivido ya a dos crisis económicas considerables. Dos cicatrices. Y, si se trata de una mujer madre, tal vez tres.