08 jul 2020

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CANDIDATA A LA PRESIDENCIA DEL EUROGRUPO

La ’apuesta Calviño’.

LEONARD BEARD

La 'apuesta Calviño'

Anna Cristeto

Su designación sería un activo para un país con deberes por cumplir

Las previsiones que sobrevuelan la economía a corto plazo son muy severas. Nada que no supiéramos hasta ahora, aunque la última actualización de las proyecciones del Fondo Monetario Internacional deja a España, junto a Italia, entre las más castigadas por la crisis del coronavirus: una caída del PIB para este año del 12,8%, una cifra que empeora el 11,6% del Banco de España. Llevamos meses asimilando pronósticos de desplome inéditos que se van agravando con la evolución de la pandemia.

España y Europa se han apresurado, no sin dificultades, a desplegar su artillería contra una crisis galopante. El camino de la reconstrucción o remontada será costoso y queda mucho para alcanzar los niveles previos a la recesión del covid. La propia presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha huido de las "sopas de letras" de V o U para describir la crisis, aunque sí ve la recuperación gradual, en especial para sectores que sufrirán una transformación, como el ocio, la hostelería y el turismo.

Ante un reto gigantesco

El reto es de dimensiones gigantescas. Las medidas de apoyo y las herramientas usadas para frenar las caídas en esta primera fase de la pandemia han sido vitales, como los avales públicos y la extensión de los ertes hasta el 30 de septiembre. No obstante, no son pocas las voces que alertan de que serán claramente insuficientes. Sin ir más lejos, el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, ha anticipado ya daños estructurales en la economía que harán más necesaria que nunca una agenda reformista e integral sustentada en grandes acuerdos que sobrevivan varias legislaturas. Otro desafío de calado porque aflora rápidamente la dificultad de casar los intereses de unos y de otros -bajada o subida impuestos, reforma laboral y diálogo social- en una sociedad que urge soluciones ante el riesgo de empobrecimiento.

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El ejecutivo de Pedro Sánchez conoce bien el diagnóstico y le toca salvar al paciente. A ello puede contribuir la candidatura de la vicepresidenta económica Nadia Calviño a presidir el Eurogrupo. Es más que un cargo de relevancia en Europa. Coger ahora este timón en Bruselas permitiría al Gobierno amplificar sus demandas en el ruedo comunitario y afianzar los mecanismos de ayuda requeridos para frenar la crisis del covid, como el fondo de recuperación que sigue negociándose en el seno de los Veintisiete. Si Europa debe salvar a Europa, en palabras de Sánchez, el club del Eurogrupo tiene que situarse con más fuerza en el tablero de decisión. Calviño, de trayectoria reconocida y con el respaldo de Angela Merkel –aplaude el liderazgo político femenino-, debería suavizar la polarización norte y sur.

Si se impone al irlandés Paschal Donohoe y al luxemburgués Pierre Gramegna, su mandato sería un carril de doble sentido. Las recetas europeas también tendrían mayor predicamento en un Gobierno de coalición cuyos socios a menudo muestran visiones discordantes. La votación será el 9 de julio. La designación de Calviño sería un activo para un país que internamente tiene deberes que cumplir. Y no son sencillos.