Análisis

Retos de futuro

La gravedad del momento actual hace que no se pueda continuar con el relato de la fantasía futura

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El hemiciclo del Parlament de Catalunya.

El hemiciclo del Parlament de Catalunya. / EUROPA PRESS

Si revisamos el último decenio, no será fácil encontrar una decisión ni una actuación política que responda a los intereses y a las necesidades de la mayoría de los ciudadanos. De hecho, el Govern de la Generalitat no ha tenido ningún interés en desarrollar el Estatut de Autonomia de Catalunya, valioso a pesar de los recortes producidos en el Congreso de los Diputados y las supresiones de artículos hechas por el Tribunal Constitucional. Solo Montilla mediante una comisión mixta con el Estado, en los pocos meses que le quedaban en el cargo, intentó sacar algún resultado, sin éxito, y también Mas planteó una nueva fiscalidad que tampoco fue aceptada. A partir de aquí, la opción por la independencia hacía inútil cualquier intento de aplicar las diversas mejoras contenidas en el Estatut y era necesario poner todos los esfuerzos en un proceso constituyente catalán.

Todo el mundo sabe dónde estamos y cómo nos ha ido esta vía. Hoy, sin embargo, la situación ha llegado al límite puesto que los resultados sanitarios, laborales, sociales y económicos de la pandemia caen sobre un territorio donde hace muchos años que no hay gobierno que gobierne, donde no se desarrollan planes de acción, ni proyectos, ni reflexiones sobre problemas actuales y previsibles, bajo la ilusión de que todas las dificultades se resolverán, milagrosamente, una vez se haya logrado la independencia.

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La gravedad del momento actual hace que no se pueda continuar con el relato de la fantasía futura, sin calendario, sin garantías jurídicas y sin apoyo internacional. El incremento de las desigualdades sociales, del paro, del cierre de empresas y comercios así como lo no retorno de los miles de empresas que abandonaron Catalunya están provocando un preocupante aumento de la pobreza que, en otoño, podría generar conflictos sociales.

Urge disolver el Parlament

Es urgente, pues, disolver el Parlament y convocar elecciones para que sea la ciudadanía quien designe sus representantes y un nuevo gobierno. Un gobierno que se encontrará con una serie de retos nada fáciles de abordar y menos todavía de resolver, pero que tienen que ser enfocados con rigor, conocimiento y perspectivas de avance.

El primero es poner a todas las personas en el centro de la atención y acción gubernamental. Cualquier gobierno, más allá de sus votantes, tiene que gobernar para toda la ciudadanía. El segundo es hacer frente con medidas concretas y perceptibles a los déficits sanitarios de la pandemia y a sus consecuencias socioeconómicas y laborales.

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El tercero es reactivar el diálogo con el Gobierno del Estado sobre las relaciones entre Catalunya y España. El cuarto, abordar cambios de fondo en el modelo económico vigente hasta ahora, teniendo en cuenta la grave crisis del medioambiente mundial. El quinto, mantener con el resto de España y sus gobiernos, empezando por el del Estado, una relación fluida, respetuosa y de colaboración. El sexto, revisar y modificar, si hace falta, toda la legislación que haya quedado obsoleta o inadecuada en la actualidad. Séptimo, ‘last but not least’, adaptar la financiación en el Estatut y crear la Agencia Tributaria compartida.

No es todo, pero es mucho, y los votantes tendrán que pensar si eligen quienes nos han llevado hasta aquí o si hay que escoger otras opciones con más voluntad y capacidad de asumir estos retos.