28 nov 2020

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DOS MIRADAS

Un momento del primer concierto con plantas como público celebrado en el Liceu, el 22 de junio.

ACN / PAU CORTINA

Plantas melómanas

Josep Maria Fonalleras

No sé si el concierto para plantas organizado por el Liceu es un elogio sincero al mundo vegetal o un desaguisado fenomenal

Todavía no sé si este invento del Liceu, con un concierto pensado para que lo escuchen 2.292 plantas, tantas como asientos tiene el teatro, es un elogio sincero al mundo vegetal, un tributo a la fuerza de la naturaleza, o si se trata de un desaguisado fenomenal.

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Me inclino por la segunda opción, aunque respeto mucho el respeto que los organizadores dicen que han tenido para con este público tan peculiar. "No hemos querido cosificar las plantas", dicen, lo que me parece fantástico, porque todo el mundo sabe que las plantas no son seres inanimados, sino que sufren y escuchan y tienen sentimientos como nosotros. Lo que no hacen, por ahora, es aplaudir, que es lo que suele hacer el público, o silbar, que es lo que sucede a menudo en el Liceu. "Seguro que sentirán la música en cada una de sus células”. Seguro que sí.

En montajes como este, siempre pienso en los operarios anónimos. Mientras colocaban los ficus, las cintas, las kentias y los potos en las butacas, ¿qué decían, qué pensaban? ¿Estaban convencidos de trabajar a favor del símbolo poético, del vínculo entre el hombre y la naturaleza, o se dedicaban a comentar con sarcasmo que todo aquello era un fenomenal desaguisado?

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