31 oct 2020

Ir a contenido

análisis

Charles Michel y Ursula von der Leyen se dirigen a la rueda de prensa tras la cumbre vitual de la UE con China.

EFE / YVES HERMAN

Autonomía estratégica

Ruth Ferrero-Turrión

La estrategia de la UE con China se basa en el diálogo sí, pero sin cesiones en asuntos clave

Bruselas y Pekin se han vuelto a reunir. Virtualmente. La conclusión de la reunión no ha sorprendido a nadie. Cada vez hay menos convergencia y mayor desconfianza entre ambos. Se han tratado temas como la reciprocidad comercial, la transición verde, la protección de los derechos humanos o el mantenimiento de la autonomía de Hong Kong.  Y todo ello con el ambiente enrarecido tras la calificación de China por parte de la UE, como rival estratégico.

Y a todo ello se ha sumado, la mayor escalada de violencia en la frontera entre China e India desde hace veinte años que se ha saldado con, al menos 20 muertos, y de la que Estados Unidos también quiere sacar provecho reforzando una alianza estratégica con Nueva Delhi, que gusta tanto a Trump como a Modi. Bruselas no ha hecho demasiado ruido al respecto, aunque sí ha lanzado un toque de atención a Pekin.

El contexto en el que ha tenido lugar esta reunión no ha sido el mejor. Charles Michel y Von Der Leyen han mostrado una posición firme y su incomodidad con los posibles ataques cibernéticos orquestados por China. Es evidente que el país asiático es un socio esencial para los europeos, tal y como se ha demostrado durante la pandemia, pero no es el único. Y esto es lo que quiere potenciar Bruselas. La estrategia, por tanto, es el diálogo sí, pero sin cesiones en asuntos clave.

Proceso industrializador

Tanto China como la UE necesitan entenderse por razones diversas. Bruselas necesita una normalización de las relaciones comerciales y el apoyo en la transición verde al tiempo que prepara su proceso industrializador. China quiere dar apariencia de gran potencia y contar con Bruselas a su lado sería todo un activo, todo ello sin olvidar el 5G. También, aunque probablemente por razones diferentes, ambos están interesados en revertir la parálisis de las instituciones multilaterales. Se trata este de un momento histórico, ya que por primera vez en la historia no es Estados Unidos quien lidera la respuesta internacional a una crisis global y ninguno está dispuesto a desaprovecharlo.

La estrategia que sigue la UE es la de hablar con todos y mantener la equidistancia. Así, se reúne con China, pero anuncia su intención de reforzar las relaciones con países asiáticos democráticos como Japón, Corea del Sur o India. Del mismo modo, están planteadas las relaciones con EEUU.

Atrapado entre dos grandes

La idea es la utilización de geometrías variables para mantener lo que se ha denominado una “autonomía estratégica”. De este modo, el gran mercado que representa Bruselas quiere negociar las condiciones de su política exterior para no quedar atrapado entre dos grandes potencias y tener que decantarse por una de ellas. Recordemos que esto fue exactamente lo que sucedió tras la segunda guerra mundial, sólo que ahora uno de los bloques lo lidera China.

En todo caso, parece que estamos asistiendo a un progresivo cambio de la acción exterior europea. Desde la UE se ha huido de los paños calientes y los mensajes ambiguos y se ha apostado por la firmeza. Eso sí, no ha quedado muy claro, si esto ha sido por la exigibilidad de la reciprocidad comercial o por la exigibilidad de protección de los derechos humanos.