24 oct 2020

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Chequeo

Imagen de un tren Talgo en una red de alta velocidad.

El maná de Europa

Rosa María Sánchez

España ha demostrado en el pasado saber hacer uso de los fondos europeos. Sobra ahora pedir más austeridad a cambio, como reclaman los halcones de dentro y de fuera del país

No hay autovía en España ni red ferroviaria de alta velocidad que no haya sido alimentada por los fondos estructurales europeos. Desde que España se incorporó a la UE, en 1986, la llegada multimillonaria de fondos como el Feder (de desarrollo regional) están en la base del ingente proceso modernizador del país en las últimas décadas y, sobre todo de sus infraestructuras.

La mayor parte de esos millones llegaron en forma de transferencias a fondo perdido, que no había que devolver, en una suerte de maná que regó de prosperidad las regiones españoles.

El Plan de Recuperación para Europa que ahora está sobre la mesa del Consejo Europeo (aún sin aprobar) incluye 750.000 millones a cuatro años en forma de transferencias a fondo perdido, préstamos y avales para ayudar a poner en pie las economías de los países más afectados por la pandemia. España podría optar a unos 140.000 millones, de los que 66.000 podrían llegar en forma de ayudas directas.

Todo dependerá primero, de que se apruebe ese plan. Segundo, de que España sea capaz de presentar su propio Plan de Recuperación y Resiliencia con proyectos concretos de desarrollo verde, digital o de inversión que merezcan la aprobación de la Comisión Europea. Y tercero, que se ejecuten, pues solo después de eso llegaría el dinero europeo. Aquí caben proyectos para reformar la educación y digitalizar las aulas, reformar el mercado de trabajo con mejores políticas activas de empleo; mayores recursos para una mejor gestión de los impuestos, el acondicionamiento de edificios contra el cambio climático o el fortalecimiento del sistema de salud, según explica en un ilustrativo artículo el investigador del Real Instituto Elcano, Federico Steinberg. Ya se ha filtrado algún borrador del Gobierno con líneas generales para movilizar una inversión de 150.000 millones en dos años, según un papel al que ha tenido acceso El País.

La condicionalidad reside en acertar con los proyectos y en cumplirlos. No es una condición de austeridad, sino de estrategia (en la identificación de proyectos alineados con las prioridades europeas) y de eficacia (en su ejecución). Y ya es bastante, por mucho que algunos halcones fuera y dentro de las fronteras, como el PP, pidan más.

Con esa condicionalidad de eficacia funcionaron en su día los fondos Feder que financiaron las autovías, los ferrocarriles y tantos proyectos más. Aunque hubo algunos millones que no llegaron, porque la eficacia no fue plena, el maná sí llegó en su mayoría. Los planes, de carácter regional, se desarrollaban de acuerdo con las autonomías, antes de ser enviados a Europa. España tiene esa experiencia acumulada en su pasado reciente y puede aprovecharla y mejorarla ahora para que esta vez no se quede ningún millón por el camino.