28 nov 2020

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IDEAS

Adecuarse a lo nuevo

EL PERIÓDICO

Adecuarse a lo nuevo

Enrique López Lavigne

Estábamos a punto de embarcarnos en las tres últimas semanas de rodaje de ‘La abuela’ cuando el mundo cambió. Claro que entonces no sabíamos que iba a ser así. La sospecha de que el audiovisual estaba agilizando su profunda transformación la teníamos ya hace años, pero nunca sospechamos que esto se fraguaría a espaldas de la industria, confinados todos en nuestras propias casas. ¿Os imagináis? A finales de marzo, el mundo entero, más de 4.000 millones de personas según la OMS, confinado frente al televisor o el ordenador, en una situación apocalíptica capaz de desafiar cualquier profecía, cualquier gobierno, cualquier compañía nacional o supranacional... Bueno, no, cualquiera no, tan solo las que pertenecían al siglo XX.

Tengo menos certezas de la que hace unas semanas proclamaba alegremente, pero la semilla de lo que seremos mañana ya está depositada

Y esa fue la cuestión a partir de ese momento. Ahí se abrió el debate y ahí se me invitó a participar en el mismo, como una voz más de una pluralidad de voces que buscaban por un lado tranquilizar y asegurar que todo volvería a ser igual, que volveríamos a rodar películas y volveríamos a verlas en los cines, y, por otro, empujar más allá esa corriente tecnológica de autoconsumo desde nuestro terminal, estemos donde estemos y a la hora que nos plazca. Estuve canalizando mis pensamientos constructivos para sobrevivir a la incertidumbre como terapia para avanzar en un mar de dudas en las primeras cuatro o cinco semanas, anunciando con mi compañía nuevos proyectos y avanzando, ajeno al parón y al estado de alarma, en los proyectos nuevos y aquellos abortados. Remar así cuando eres tan pequeño y sin un motor que te de autonomía es extenuante.

Los ‘apaches’ decidimos no acogernos al erte porque optamos por atrincherarnos y meterle toda la energía. En algunos momentos, los más oscuros, a partir de la sexta semana, aquellos momentos que coinciden con las crisis personales y familiares, te faltan las fuerzas para entender qué estás haciendo y por qué. En mi caso, películas que se ven en los cines, un bien escaso, quizá en vías de transformación –y más tarde extinción–, pero que nunca dejarán de ser películas. Una narrativa creada por la tecnología hace más de 125 años. El cine es la técnica y el arte de crear metraje, que era por aquel entonces como se llamaba a las películas. Por lo tanto, la industria I+D también es cultura. Ese impulso industrial es lo que traen ahora las plataformas desde la tecnología. Ese bien cultural es lo que hay que proteger para impedir que solo sea un menú a la carta, un algoritmo que se ahogue en su falta de alternativas por explorar.

Yo hoy aún no sé qué ha sucedido y tengo menos certezas de las que hace semanas proclamaba alegremente, pero la semilla de lo que seremos mañana ya está depositada. He decidido modificar guiones para adecuarlos a lo nuevo, cambiado planes de rodaje y presupuestos para adecuarlos a lo nuevo y yo mismo me he reseteado para adecuarme a lo nuevo. 

Hoy he vuelto a la oficina a preparar la vuelta de mi equipo. Son personas que ya no son las mismas aunque lo parezcan. Todos se han reunido en torno a una mesa para volver a hacer cine. Quizá el mundo haya cambiado, quizá nada vuelva a ser como antes. 

...pero volveremos en dos semanas.