Análisis

La obediencia responsable y los posibles contagios

En un contexto de pandemia global, cabe poco margen de flexibilidad para asegurar el cumplimiento de las medidas de protección

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Mossos d’Esquadra realizan un control en Barcelona.

Mossos d’Esquadra realizan un control en Barcelona. / RICARD CUGAT

El pasado 14 de marzo, el Gobierno de España decretaba el estado de alarma permitiendo la salida a quienes trabajan en sectores esenciales. Después del aparente control epidemiológico, el Gobierno empezó a relajar esas medidas tan duras de limitación de movimientos y libertades. Desde el primer día, las redes sociales, nuestros foros personales y los medios de comunicación han tenido un foco de atención en paralelo al desarrollo de la pandemia: el grado de (in)cumplimiento de las medidas impuestas y los posibles efectos en la propagación del virus.

En cuanto al cumplimiento hay dos dimensiones: la individual y la colectiva. En una democracia, lo ideal es que la ciudadanía decida cooperar. La «obediencia anticipada» de Timothy Snyder: decidimos voluntariamente obedecer porque entendemos que es por el bien común. Somos seres sociales y el nivel de coste que estamos dispuestos a asumir por ello determina ese grado de cumplimiento individual y colectivo. ¿Hasta qué punto voy a obedecer? ¿Qué pasa si no lo hago? ¿Qué ocurre si son los demás quienes no lo hacen?

Después del decreto de estado de alarma, Interior emitió una orden que indicaba que durante el confinamiento se aplicarían el Código Penal y el artículo 36.6 de la ley de seguridad ciudadana. La aplicación de este marco legislativo ha sido controvertida puesto que, al rechazo que ya produce entre amplios sectores de la población esta ley, se le añade el hecho de que el PSOE la había recurrido frente al Tribunal Constitucional por considerarla desproporcionada. Sin embargo, a pesar de que el carácter punitivista de los mecanismos de control es motivo de debate habitual en el espectro ideológico, es cierto que, en un contexto de pandemia global, cabe poco margen de flexibilidad para asegurar el cumplimiento de las medidas de protección.

La máxima coherencia

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¿Cuál era la alternativa a las propuestas de multa? Insistir en la necesidad de cumplir las medidas, intentar que tuvieran el máximo de coherencia (algo que ha generado mucho debate) y que el control social funcionase. La mayoría de personas obedecen más por la 'vergüenza' de ser vistas cometiendo un delito que por su rechazo ético a hacerlo. Durante las primeras semanas en las que las medidas obligaban a quedarse en casa, la percepción de alto cumplimiento era más generalizada. En cuanto empezó a haber excepciones para algunos colectivos, el control social se redujo enormemente y los incumplimientos se multiplicaron.

A pesar de ello, los datos sobre brotes de contagio no coinciden necesariamente con incumplimientos colectivos. De las 982 personas que se han infectado después del 11 de mayo, gran parte lo han hecho por acudir al trabajo en sectores esenciales o en el ámbito sociosanitario y solo unas docenas lo han hecho en fiestas. Esto da un mensaje a la sociedad: hay más peligro de contagio en grandes centros de trabajo que en las pequeñas acciones irresponsables individuales. Y este mensaje produce confusión e induce a la relajación.