Casos de censura

Género talibán

Los empleados de Hachette no quieren discrepar de Rowling, por su opinion sobre sexo y género, sino torpedear su obra e impedir la publicación de la novela en su sello

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La escritora J. K. Rowling, en una imagen de archivo.

La escritora J. K. Rowling, en una imagen de archivo. / REUTERS

La madre de Harry Potter, J.K. Rowling, comparte en sus redes sociales un artículo escrito por otra persona en el que se pide un mundo más solidario para las “personas que menstrúan”. La escritora añade un mordaz comentario antes de distribuirlo: “Estoy segura de que antes había una palabra para estas personas. ¡Que alguien me ayude! Se refiere, claro, a la palabra mujeres.

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A los pocos minutos la omnipresente y eficaz maquinaria inquisitorial de la ideología de género se pone en marcha. Rowling es calificada por los guardianes de la fe como una TERF: feminista que margina excluye y menosprecia a las personas transgénero. ¿El motivo?  Ser mujer es una construcción social que nada tiene que ver con el cuerpo. Así que la menstruación no puede ser un elemento distintivo puesto que es fémina cualquiera que quiera serlo. Yo mismo, si ahora así lo declarase. La presión sobre Rowling crece y llega hasta el punto de que un grupo de empleados de Hachette, la editorial encargada de publicar la próxima novela de la célebre escritora, comunican sentirse incapaces de seguir trabajando con ella en solidaridad con las personas transgénero.

Que Rowling y los activistas se las tengan en las redes no pasa de anecdótico. Quien opina se expone al juicio de los otros. Pero lo de los empleados de Hachette va mucho más allá. Su objetivo no es discrepar de Rowling, si no torpedear su obra e impedir la publicación de la novela en su sello. Callarla, censurarla y, si pudiesen, matarla profesionalmente por decir que las mujeres menstrúan. Hicieron lo mismo con Woody Allen, obligado a cambiar de editorial para poder publicar 'A propos of nothing'. Sorprende esta actitud entre profesionales del libro, nacido para alargar la vida de las palabras, las opiniones y el pensamiento libre. Quizás no merezcan ocupación tan especial. Encajan mejor en un tribunal dictando fatuas, cual jueces supremos del género talibán.

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