25 oct 2020

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análisis

Mesas puestas el sábado por un restaurante en su terraza del barrio Hell’s Kitchen en el proceso de reapertura en Nueva York.

EFE / NORA QUINTANILLA

Desescalada y cambios globales

Ruth Ferrero-Turrión

No se trata de rescatar empresas con fondos públicos, se trata de aprovechar este contexto para construir sociedades abiertas sí, pero inclusivas y justas.

La pandemia ha provocado cambios profundos en nuestras sociedades que abarcan todas las esferas de la vida. En el plano individual, la manera de relacionarnos, de trabajar, de cuidar los afectos, y todo ello atravesado por la incorporación a lo cotidiano de lo virtual. La serie 'Years and Years' no sólo adelantaba el potencial de la pérdida de libertades a favor de la seguridad, también incorporaba a las nuevas tecnologías como elemento esencial de esa sociedad controlada y securitizada. Estamos, pues, ante un proceso, de aceleración de la cuarta revolución industrial, tal y como plantea Krastev.

En el plano colectivo, las decisiones que se tomen y cómo se adopten van a determinar la naturaleza de nuestras sociedades. Entonces se demostrará si ha habido aprendizaje y voluntad de cambio o, si, por el contrario, se optará por continuar en la construcción de sociedades profundamente desiguales y atravesadas por la intolerancia y la exclusión.  Si el siglo XX comenzó tras la primera guerra mundial y el fin de los imperios, como planteó el historiador marxista Eric Hobsbawm, quizás la crisis del covid-19 esté acelerando el establecimiento de un nuevo orden global que inaugure oficialmente el siglo XXI.

Ya se pueden extraer dos conclusiones de esta crisis. La primera el fracaso del mercado como regulador de crisis. El modelo económico impuesto por el neoliberalismo ha colapsado frente a una crisis sanitaria que no entiende de fronteras ni de gobiernos. Su política sostenida sobre el recorte del gasto social y la inversión pública en lo doméstico y la creación de áreas de librecambio, crecimiento económico descontrolado sobre la base de bajos salarios y mayor productividad ha demostrado que nada puede hacer ante este reto sin precedentes en la época de la globalización. El cierre provocado por la pandemia ha hecho tambalearse a las economías mundiales. Qué mejor metáfora que el cierre de las sucursales de la empresa que simbolizó la victoria del capitalismo en la década de los 90, Burger King.

El papel de China

La segunda, la capacidad que está demostrando China como potencia global, tanto en sus conquistas económicas, como en sus misiones diplomáticas que incluyen la cooperación a través del envio de material sanitario a aquellos países que lo han necesitado en los momentos más duros de la crisis sanitaria. El país asiático ha demostrado un liderazgo político que acelera el cambio del escenario geopolítico apuntado durante los últimos años.

En este contexto global la UE y sus ciudadanos han de tomar decisiones que apuntarán en varias direcciones. La primera, la propia naturaleza, objetivos y valores que se pretenden alcanzar en el marco de la UE. A lo largo de las crisis de la última década varios han sido los principios que se han ido quebrando: solidaridad, igualdad, y confianza mutua. Toca ahora reconstruirlos, renaturalizarlos, recuperarlos. La segunda, reforzar los estados del bienestar, priorizando la ciudadanía sobre el mercado. No se trata de rescatar empresas con fondos públicos, se trata de aprovechar este contexto para construir sociedades abiertas sí, pero inclusivas y justas. Decidamos.