MERCADO LABORAL

Ertes, flexibilidad y negociación

Esta figura ha demostrado todo su sentido al permitir que permanezcan activas durante la pandemia casi 3,5 millones de personas

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La ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, en una comparecencia en el Congreso de los Diputados.

La ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, en una comparecencia en el Congreso de los Diputados. / EFE / J. J. GUILLÉN

Este jueves, en el marco de la comisión para la reconstrucción que acoge el Congreso, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, confirmó la intención del Gobierno de aprobar la nueva extensión de los ertes para todos los sectores, hasta al menos el próximo 30 de septiembre. 

Una medida implementada a gran escala en España y, con matices diversos, en los países más afectados por el covid-19. Desde el inicio del estado de alarma, ha demostrado todo su sentido, pues ha permitido permanecer activas a cerca de 3,5 millones de personas cuyos empleos, al igual que sus vidas, se confinaron. 

Y con sus empleos, sucede como con su libertad, que se recupera, pero de aquella manera. Las personas, con mascarilla, manteniendo las distancias y con una botellita de gel alcohólico en el bolsillo, y dependiendo de la edad y factor de riesgo de cada ciudadano. Para el empleo, también depende. En ciertos sectores la actividad se ha mantenido, e incluso aumentado, durante la crisis sanitaria, mientras en otros ha disminuido o paralizado. Y entre estas últimas, no todos los sectores tienen las mismas perspectivas. 

La raíz del problema

En esta multiplicación de circunstancias específicas radica el problema, cómo adecuar la extensión de los ertes a las necesidades reales de cada sector, por no hablar de subsector e, incluso, empresa. Casi nada. 

Entre los más afectados directamente por la pandemia de coronavirus, destaca el sector hotelero por su radical paralización que, también, es ejemplo paradigmático de la dificultad por avanzar en el desconfinamiento. El sueño de sus empresarios y empleados sería reabrir en su totalidad el día después de la muerte del virus. Pero ahí sigue. Así, no es tarea sencilla reabrir los hoteles, recuperando el empleo, con los riesgos no solo de una demanda imprevisible, sino que, además, cualquier asomo de rebrote del virus puede llevar a un nuevo cierre.

Esta es la raíz del problema, no estamos ante una cuestión con respuestas binarias, porque quien marca el ritmo es la personalidad tan errática de un maldito virus que se resiste a desaparecer y aún tiene desconcertado al mundo científico.

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Así, las cosas, dos consideraciones finales. La primera, armarnos de paciencia y negociar para entender y atender, con rapidez y equidad, las necesidades del tejido productivo. La gran prioridad es mantener actividad y empleo. Con dos criterios básicos, estimular a las empresas para incorporar a sus empleados, garantizándoles que, ante caídas de la demanda, por falta de respuesta del sector o eventuales rebrotes, se recuperará la figura del erte o similar.

La segunda, aunque no sea la prioridad del momento, deberíamos aprovechar el buen clima entre patronales y sindicatos para atrevernos a innovar en el mercado laboral y, por ejemplo, aprender de fórmulas que combinan trabajo a tiempo parcial y subsidio público complementario en situaciones de crisis. Tenemos a Alemania, y su famoso 'kurzarbei', de ejemplo. Tiempo habrá para ello. De momento, bienvenida la nueva ampliación de los ertes.