29 oct 2020

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Torra y Aragonés, durante una comparecencia conjunta

JORDI BEDMAR / EFE

Las guerras de religión

Josep Martí Blanch

El electorado soberanista va a seguir, por mucho tiempo, obligado a vivir bajo el fuego cruzado de los legitimistas papales y los reformistas

Cualquier conflicto librado en nombre de la fe tiende a la cronificación y al disimulo de sus verdaderas causas. Las cruzadas se alargaron durante dos siglos. Las guerras de religión europeas, iniciadas siete años después que Lutero clavase sus noventa y cinco tesis en puerta de la iglesia de Todos los Santos de Wittenberg, iniciando la Reforma, duraron otros dos. En ambos casos la fe actuó como señuelo principal de las refriegas. Pero tras los rosarios había otros intereses, también eternos pero más terrenales, como la disputa por el poder político, económico y territorial.

Toda esta imaginería bélico-religiosa traída a colación tiene su explicación en el extraño mundo de las asociaciones de ideas. El periodista Toni Aira acaba de publicar 'La otra guerra de sucesión' (Ed. Catarata), un aséptico y lúcido análisis sobre la lucha sin cuartel que mantienen desde hace años los partidos soberanistas por la hegemonía de este espacio político. Tras su lectura uno confirma de nuevo que también aquí, tras los padrenuestros y avemarías -'estelades', en este caso-, hay elementos en liza menos románticos y que el conflicto entre las partes seguirá eternizándose.

El libro de Aira funciona como un análisis de debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades (el clásico DAFO) de los ejércitos de ERC y JxCat en vigilia de las próximas elecciones. El autor fija la vista en el tablero electoral y retrata con precisión, tras entrevistarse con más de cincuenta militares de uno y otro ejército, la estrategia, los flancos débiles y las unidades más avezadas de cada bando.

La obsesión de Aira por la puesta en escena de la política, formas y bambalinas supura en todo el libro. Como cuando recupera la frase de un personaje de ficción, Bauer, el embajador de la Santa Sede en la serie 'The New Pope' de Paolo Sorrentino: “La percepción lo es todo”. Es lo mismo que escuchamos en su día en 'Juego de Tronos' en boca del consejero Varys: “El poder reside donde los hombres creen que reside. Es una sombra en la pared”.

Ahí es justamente donde radica la efectividad del ensayo de Aira: en el análisis efectivo de esa inacabable batalla sin cuartel por el poder en la que los soberanistas de JxCat y ERC luchan todos contra todos con un único objetivo: intentar hacer prevalecer las sombras que cada contrincante proyecta para lograr llevar a su propio huerto las emociones y las papeletas del votante independentista.

¿Por qué Quim Torra se niega a aclarar el calendario electoral aún insistiendo, la última vez hace unos días en Catalunya Ràdio, en que el proyecto político de su ejecutivo está agotado? ¿Por qué tanta cerrazón de JxCat a una posible votación? ¿Cuál es el motivo que empuja a ERC a no forzar más de la cuenta su exigencia para que se convoquen los comicios? ¿Por qué Carles Puigdemont guarda un silencio mayor del que en él es habitual desde que dio inicio la pandemia?

Veamos qué dicen las apariencias. Las sombras de Torra y JxCat que no es momento de votar, que primero hay que atajar la crisis sanitaria y económica. Las de ERC que hay que ser leales al 'president', que es quien tiene la competencia. Las de Puigdemont que no hay que estorbar el liderazgo ante la pandemia.

Pero tras estos falsos argumentos lo cierto es que no hay calendario única y exclusivamente por motivos cien por cien partidistas. JxCat no tiene proyecto político y no sabe cómo dotar de coherencia la amalgama de idearios dispares que conviven en sus filas y Puigdemont, que es quien decidirá de nuevo, aún no considera llegado el momento de revelar sus designios. ERC, por su parte, quiere que se note el efecto -elecciones- sin que se note el cuidado -provocarlas ellos mismos- para evitar que se les pueda acusar de desleales y traidores a la institución, con el consiguiente castigo en las urnas.

Aunque, a decir verdad, aunque no sepamos cuándo van a ser los comicios lo que sí podemos afirmar es que el resultado no va a traducirse en algo parecido a la Paz de Westfalia, que puso fin a dos siglos de guerras de religión en Europa.

El electorado soberanista va a seguir, por mucho tiempo, obligado a vivir bajo el fuego cruzado de los legitimistas papales y los reformistas. Todos, eso sí, en nombre de la cruz-'estelada' en un cuento al que le faltan aún muchas páginas por acabar. Las tripas de 'La otra guerra de sucesión' que enseña Aira dejan claro que lo máximo que puede esperarse es a una “tregua o un periodo de entreguerras, de paz mínima, en la batalla que la política catalana parece que libre contra su sociedad también desde hace muchos años”. Paciencia pues, que queda mucho hasta llegar a los dos siglos.