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Catalunya debe rehacerse, y no basta con comisiones de centenares de expertos

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Torra y Aragonés, durante una comparecencia conjunta

Torra y Aragonés, durante una comparecencia conjunta / JORDI BEDMAR / EFE

Tras doce semanas de confinamiento y de estado de alarma la ciudadanía sigue deseando que las fuerzas políticas afronten la pandemia desde el consenso y la colaboración, que disminuya la confrontación y la tensión institucional y que la información sanitaria, económica y social sea clara, comprensible y fiable para rebajar la angustia y el miedo que incrementan los insultos dentro de los parlamentos, la continua presentación de querellas judiciales contra cargos políticos y profesionales y la contraproducente y falsa rivalidad entre salud y economía y, ahora, entre salud y turismo.

No parece, sin embargo, que este deseo sea satisfecho por parte de los dirigentes políticos y el seguimiento de los medios de comunicación solo sirve para comprobar que la principal prioridad, por no decir única, es mejorar las propias expectativas de voto y disminuir las de sus rivales. Un rápido repaso a las votaciones de renovación del estado de alarma lo ilustra, ya que los cambios de posición de cada partido en las votaciones quincenales han sido motivados por cuestiones puntuales y parciales y no para garantizar la salud del conjunto de la sociedad, auténtico objetivo y justificación de este estado de alarma.

En Catalunya, aunque el clima político no es el mismo y la representación de las fuerzas catalanas en Madrid no se comporta mucho mejor, el panorama es más que preocupante. Después de dos años de un gobierno encabezado por un presidente vicario o interino todo el mundo constata ahora que es un gobierno que no gobierna -el mes de noviembre de 2018 ya lo escribí en este diario-, que solo se ha dedicado al 'procés' y ha dejado al resto de gente no independentista, más de la mitad, al margen de su actuación, que ha tratado de utilizar la pandemia para confrontar con el Gobierno español y por proclamar sin ninguna prueba que si fuéramos independientes lo habríamos hecho mejor y habrían muerto menos personas.

Un ejemplo, fijémonos en lo ocurrido en las residencias de ancianos, competencia propia desde hace cuarenta años. Opacidad, falta de recursos, número de contagios y de víctimas mortales entre los residentes y el personal cuidador, desinformación a los familiares, etc. Así lo explica un reciente informe al Parlament del Síndic de Greuges y también destaca la inexistencia de ningún plan gubernamental para resolver el problema. Vale la pena recordar que la opción de los gobiernos catalanes de derechas fue mantener e incrementar la gestión privada que, poco a poco, ha terminado en manos de empresas comerciales más atentas a los beneficios que al cuidado de las personas, en lugar de crear una red pública de calidad.

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Si a este panorama añadimos que los dos partidos que forman el Govern, JxCat y ERC, están peleados y lo escenifican públicamente en el Congreso y en el Parlament, que este mes de enero el señor Torra dijo que una situación así no se podía mantener y que, aprobados los presupuestos, convocaría elecciones pero no lo ha hecho ni lo piensa hacer mientras no le autoricen desde Bélgica o las encuestas le sugieran la victoria, si miramos todo esto, es obvio que la incertidumbre, la desconfianza, el miedo y una creciente indignación señorean los sentimientos individuales y generan un clima tenso y preocupante.

Catalunya debe rehacerse, y no basta con comisiones de centenares de expertos. No podemos volver al 'procés' como único tema, después del covid-19. Hay que convocar elecciones y dejar que la ciudadanía, después de todo lo que ha vivido, escoja quién y cómo debe encarar la difícil etapa de recuperación política, social, sanitaria y económica. No nos  equivoquemos.