Análisis

Sánchez gana en la prórroga

El presidente ha ganado todas las votaciones del estado de alarma por mayoría absoluta, cuando solo necesitaba la mayoría simple. No es un dato menor

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Pedro Sánchez, el miércoles en el Congreso. 

Pedro Sánchez, el miércoles en el Congreso.  / EFE / J. J. GUILLÉN

Podemos montar un marcador simultáneo, como en el fútbol de nuestra infancia, para ver cómo va el partido. Primera prórroga sobre el estado de alarma (25 de marzo): A favor, 321. En contra, 0. Abstenciones, 28. Segunda prórroga (9 de abril). F: 270. C: 54. A: 25. Tercera prórroga (22 de abril). F: 269. C: 60. A: 16. Cuarta prórroga (6 de mayo). F: 178. C: 75. A: 97. Quinta prórroga (20 de mayo). F: 177. C: 162. A: 11. Sexta prórroga (3 de junio). F: 177. C: 155. A: 18.

Desde la abrumadora unanimidad de la primera hasta la mayoría de la sexta, Pedro Sánchez ha ganado todas las prórrogas por mayoría absoluta, cuando solo necesitaba la mayoría simple. No es un dato menor. Y lo ha conseguido con pactos de geometría variable, a derecha e izquierda, especialmente desde la cuarta prórroga, en la que el PP se decantó por la abstención, y desde la quinta, en la que el PP ya declaró la guerra abierta al Gobierno votando en contra.

Esos pactos han incluido unas veces a ERC, otras a Ciudadanos –incluso a los dos juntos--, siempre al PNV y hasta a EH Bildu, en este caso con una pirueta innecesaria y equivocada porque se mezcló en el estado de alarma una cuestión tan relevante como la derogación íntegra de la reforma laboral, que enfadó a la patronal, descolocó a los sindicatos y aumentó el ruido ambiente, cuando además va a quedar en nada.

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En estos dos meses y medio, Sánchez ha logrado tres objetivos, aunque el mérito no es solo suyo, sino que lo comparte con sus adversarios: ha dinamitado el trío de Colón; ha empujado al PP hacia la extrema derecha, lo que es malo para España, pero quizá no tanto para el PSOE, y ha consolidado la división del independentismo catalán, que ya se pelea en público hasta en el Congreso.

Mientras tanto, ha sido el presidente más insultado y odiado desde Zapatero. Mucho más que Felipe González y, desde la otra orilla, que José María Aznar. La derecha, como siempre que gobierna la izquierda, no soporta haber perdido un poder que considera suyo por mandato divino. Pero Sánchez aplica su manual de resistencia y se crece. Igual tienen razón los que dicen que los va a sobrevivir a todos.