13 ago 2020

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Las noticias falsas y el desdén a la ciencia

Una mujer golpea una cacerola en la calle de Núñez de Balboa de Madrid por la gestión de la crisis del coronavirus por parte del Gobierno, el 12 de mayo.

¿Cómo afrontamos a los negacionistas?

Ana Bernal-Triviño

Construyen el relato según sus intereses económicos, su parcela de poder. Por eso, no es casual que parte de ese negacionismo esté vinculado a partidos de derechas y extrema derecha

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. La conocida frase de Gramsci es más evidente que nunca. Estamos en el siglo XXI pero si escuchamos a algunos políticos y periodistas parece que hemos retrocedido hasta la edad media. Los y las negacionistas rebrotan. El renacimiento, el siglo de las luces… tanto avance para acabar así. 

El negacionismo no es nuevo. La psicología lo describe como un mecanismo de defensa inmediato. Por ejemplo, negamos la muerte de un ser querido en un primer momento hasta asumir la verdad. No hablo aquí de eso, sino del negacionismo que desestima cualquier evidencia científica y que, con ello, intenta condicionar y afectar la vida de los demás. 

Niegan el holocausto, el sida, las vacunas, el cambio climático, la violencia de género o incluso el esperpento de que la tierra es esférica. Esto explica que en plena epidemia de coronavirus, algunos manifestantes de Núñez de Balboa o similares digan que el virus no existe y que es un invento del Gobierno para confinarnos. No les sirven las estadísticas. No ven a los muertos. Ni los de España, ni los de toda Europa o resto del mundo. Solo se ven a sí mismos. 

Negar la ciencia

Por un lado sorprenden, por otro no, porque hemos encadenado campañas electorales donde partidos de extrema derecha o de derecha han negado la ciencia y los datos oficiales en múltiples cuestiones. Recuerden que el líder del Partido Popular, Casado, acusó al Gobierno de estar “parapetado en la ciencia” en plena crisis del coronavirus. Quizás así entendemos parte de las caceroladas estos días. 

Confieso que saber qué hay detrás de la desinformación y del negacionismo me genera curiosidad. Los estudios apuntan que la clave está en el “razonamiento motivado”, cuando las ideas, los miedos o los estereotipos que tenemos condicionan nuestra respuesta hasta el punto de validar solo aquellas informaciones que refuercen esas creencias. Cuando la ciencia demuestra que se equivocan, rechazan u omiten esa nueva realidad. El tema de fondo está cuando esto traspasa a la política y ese negacionismo es la herramienta para defender intereses políticos o económicos lejos de los derechos humanos. ¿Los datos? No importa, los inventan. ¿Recuerdan a Abascal negar los datos oficiales de violencia de género o de inmigración y decir que ellos tienen otros? Un estudio demostró que el 92% de los libros negacionistas climáticos en inglés fueron promovidos y editados en 'think tanks' financiados, para darles un extra de categoría y solvencia aunque su contenido sea falso. Construyen el relato según sus intereses económicos, su parcela de poder. Por eso, no es casual que parte de ese negacionismo esté vinculado a partidos de derechas y extrema derecha. Piensen más allá de España. Recuerden a Trump, Bolsonaro o Johnson. Todo es cuestión de intereses. 

Para ello, se valen de todas las estrategias posibles: tácticas retóricas, distorsiones, medias verdades, teorías de la conspiración (covid-19), recurren a falsos expertos, caricaturizan al oponente o incluso se apropian de sus argumentos. ¿Recuerdan a Abascal hace muy poco cuando dijo en el Congreso aquello de “abandone ese odio histórico de la izquierda hacia los homosexuales”? Juegan a la disonancia cognitiva y a la luz de gas de forma continua, para desestabilizar las opiniones de la población.  ¿Y cómo se articula todo este discurso y se propaga con facilidad? Redes sociales y 'fake news'. Las que inundan nuestro Whatsapp y perfiles sociales, las que corren y convencen más que la propia verdad. Saben que por ese razonamiento motivado muchos las compartirán a otras personas si esa información falsa refuerza sus creencias... ¡Bingo! ¿Cómo salir de esta situación? Creo, en mi modesta opinión, que solo dando peso en lo que menos se ha invertido: educación, conocimiento y ciencia. 

El reto está en demostrar realmente quiénes son, sus intereses, el mundo que pretenden construir contra el bienestar común y los derechos humanos. El problema es que eso no se hace, sino que se les presentan como válidos, como si su negación fuese una opción sin riesgo ni peligros, como salvadores del pueblo y se les legitima. Cada vez que alguien no se vacuna, ganan. Cada vez que alguien grita que el coronavirus es creado, ganan. Cada vez que alguien ataca al inmigrante, ganan. Cada vez que alguien dice que la violencia de género no existe, ganan. Pero recuerden: no son tan ignorantes ni estúpidos ni enfermos. Son estrategas que usan el negacionismo porque saben muy bien lo que tienen que defender: solo lo suyo.